Mostrando entradas con la etiqueta Lovecraft. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lovecraft. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de julio de 2015

Mejor que una radio

-¡Señor! ¡Todo lo que hemos encontrado es esta grabadora!
-¿Nada más? ¿Ni sangre, ni ropa, ni restos de nada?
-No, nada más, señor.
-Hm... Bien, déjela con las otras pocas pruebas que tenemos.

Más tarde.

-Bien, vamos a escuchar la dichosa cinta. A ver si así salimos de dudas.
-¿No habría que llevarla primero al laboratorio?
-No me fío de esos cabeza de huevo, quiero escucharla por mí mismo y saber qué narices pasó aquí.

El subteniente calló.

*Click*

-Aquí el profesor Pinker. Diario número cuatro de nuestra expedición hacia lo que hemos denominado como "La vena del infierno". No es el nombre más inspirador del universo, pero entre lo escabrosa que es, el calor que hace y que creemos atraviesa la corteza terrestre no nos quedó otra. Llevamos aquí dentro ya cuatro días y nos disponemos a seguir profundizando.
/////////////////////////
-Estábamos bajando pendiente abajo cuando encontramos unas extrañas estructuras geométricas. Como prismas rectangulares gigantes dispuestos aleatoriamente por toda la caverna. Y según nuestro sónar parece que hay una gran galería justo detrás de los prismas. Nos proponemos entrar.
////////////////////////
-Según nuestros aparatos, la galería debe medir unos doscientos metros de alto y no hemos logrado obtener medidas ni de ancho ni de largo. Debe ser inmensa. Dios sabe qué puede haber causado algo así.
///////////////////////
-¡Alto! ¡Muchachos! ¡Parad! Creo que he oído algo. Shh...
-...
-...
-...
[Se escucha un gran estruendo, como si toda la tierra temblase]
-¡Sshh!
[Se escucha un grito agónico monstruoso, se escucha lejos pero a la vez cerca, la grabadora no sabe muy bien cómo reproducirlo, las gráficas de sonido en el ordenador se ven inusuales, demasiado armónicas para lo monstruoso del sonido]
-¡Mire, profesor! ¡Qué coño es eso!
-¡Corred! ¡Co-
//////////////////////

Se hizo un silencio en la sala.

-¿Qué coño...?
-Debemos guardar esta cinta con nuestras vidas. La tienen que echar un vistazo nuestros expertos. Sea lo que sea que hay ahí abajo es peligroso y como salga a la superficie podemos estar jodidos. ¡Ah! ¡Por ahí vuelve mi querido alférez! ¿Encontró algo?
-No, señor.
-Alférez, ¿qué hace con ese arma?
-Los pequeños monos se han metido en la cueva equivocada, señor. Deben ser eliminados. Nadie disturba este territorio.
-¿Al... férez?

sábado, 13 de septiembre de 2014

La herencia de mi abuelo


-De pequeño me gustaba ir a casa de mi abuelo. Estaba en medio de ninguna parte, en mitad de un bosque, al lado de una carretera de montaña. Uno sólo podía llegar allí si sabía donde estaba. Mi abuelo vivía solo y aunque yo había notado cómo mis padres envejecieron nunca noté a mi abuelo más viejo de lo que ya era. Era extraño... él sobre todo era extraño, era muy amable pero siempre noté que guardaba montones de secretos. Por ejemplo me tenía prohibido bajar al sótano o mirar sus libros o entrar en su cuarto. Decía, "¡No! Son cosas de mayores". Era mi abuelo paterno y mi padre tampoco podía bajar o entrar a esos sitios. No sé, siempre me pareció raro, pero como casi no le veíamos pues no me preocupé nunca mucho. Bueno, hasta que nos llamaron hace... no sé, creo que fue como hace dos o tres meses. Nos llamaron los del hospital de la Comarca, que le habían estado llamando y que nada... Que no lo cogía, así que tuvieron que ir a ver cómo estaba.
-¿Qué le pasaba?
-No se sabe. No... No saben qué coño pudo pasar, la cosa es que entraron los de la ambulancia en la casa y lo encontraron en su cama completamente chupado, como si alguien se hubiera llevado toda la sangre. Sin marcas y sin ninguna clase de rastro. Uno de los tipos del hospital se pidió la baja, imagínate.
-Eso me suena a lo del Chupacabras, pero creo que era en... ¿Centroamérica? Por ahí, creo. Pero sólo ataca a ganado.
-También hay historias del Chupacabras matando gente pero esto no era... nada parecido. O sea. Yo... A ver, fui con mi padre para recoger trastos, ver la casa y ver qué hacer con ella porque claro, mi padre es hijo único y en teoría nos toca la casa con la herencia y tal. Entramos y fuimos a su cuarto directamente, era un cuarto normal, con unos cuantos libros raros en el escritorio pero nada fuera de lo común. No sé por qué nunca nos dejó entrar. Así que miré a mi padre y supe que ambos queríamos ir al sótano. Y... Pum. La puerta está cerrada. Mi padre con un martillo y revienta la cerradura. Y... joder. Mira. No quiero volver, ¿entiendes?
-Ni una palabra.
-Ese sótano... algo iba mal, ¿sabes? Era un lugar no muy grande, de paredes de piedra y con dibujos circulares en el suelo pero lo jodido era que sentías como si te licuases, como si te... no sé, como si te hicieses líquido. Y lo peor era que en el fondo había una especie de estatua de una mujer encapuchada con un cuenco que rebosaba algún líquido. Todo tallado, ¿eh? Esa nos la llevamos pero salimos echando ostias de aquel sótano. Luego, bueno, cogimos joyas, libros y demás, o sea, cosas de valor, para tenerlas mejor en casa que allí en el quinto coño.
-Ya, pero no has debido llamar por esto. Eso fue hace tiempo, ¿no?
-Sí... y no. ¿Te acuerdas que te he dicho que nos llevamos la estatua?
-Sí.
-Pues la puse en mi cuarto y mi vecino, ¿te acuerdas de él?
-¿El de abajo? ¿Un tío pecoso?
-Sí, ese. Pues me trajo salvia.
-Pero tú ya habías tomado antes.
-Eso es lo jodido. Mira, tomé menos de lo normal, tenía un mal presentimiento, bueno, el corazón me iba irregular, noté como que todo vibraba y de pronto no estaba ahí, estaba en el sótano de mi abuelo con la estatua en su sitio. Y... la estatua estaba como viva pero no, o sea, era de piedra, pero hablaba y se movía. Esto fue hace dos días.
-¿Qué te dijo?
-¿Quién?
-La estatua.
-Ni idea. O sea, sí, me hablaba en un idioma que no sé ni cuál es pero comprendía lo que me decía. Y, joder, en serio, qué mal rollo. Sentí lo de que me licuaba otra vez pero más fuerte, veía cómo mis manos se derretían y cómo algo o alguien me contaba secretos. Secretos que no puedo contar.
-¿Por qué no?
-Porque no los conozco, sé que los llevo, ¿entiendes? No tiene sentido, ¿no? Es como que los sé pero no los quiero saber y no los sé. ¿Me... sigues?
-Muy... poco.
-Del cuenco de la estatua se derramaba líquido, líquido de verdad, uno rojo oscuro, pringoso. Y no dejaba de salir. Y el sótano comenzaba a inundarse. Y yo como "joder, joder, joder". Pero seguía escuchando como si algo o alguien me dijese cosas al oído, de dónde venimos y quiénes somos. Pero eran cosas que yo no quería saber.
-¿Pero qué pasó con la estatua y el líquido y tal?
-Pues la estatua me decía que me callase y escuchase, que escuchar resuelve la vida y sólo oía cómo fluía aquella cosa pastosa.
-¿Y la voz esa?
-Esa no la escuchaba, o sea, era como que estaba en mi cabeza, no algo que pudiese escuchar. Estuve pensando que quizá soy yo, la voz digo. No sé. Así estuve hasta que me ahogué en el sueño o el viaje o lo que coño fuera. Mi vecino me dijo que estuve todo el rato sonriendo... Cogimos la estatua, la llevamos al jardín y con un mazo la hice añicos. Y sentí como si me liberasen de algo, ¿sabes? Como... paz.
-Joder, vaya historia.
-Y todo en un fin de semana.
-¿Sabes que aún estás soñando?
-Sí. ¿Y tú?

Historias Irrelevantes




jueves, 7 de noviembre de 2013

Revelaciones de un pasado que nunca fue vivido


Mismo edificio. Las paredes a medio pintar, los ladrillos olvidados. La misma puerta verde de madera carcomida. La abro y encuentro la oscuridad que esperaba, los adoquines medio rotos del suelo me dicen que estoy en el lugar correcto... me acerco a los buzones y leo el nombre que figura en el cuarto piso. Allí voy. Allí es donde empezó todo, he de arrancarlo de raíz.

28 de junio de 1983
Hoy ha sido un día tremendo. Comencé mis investigaciones sobre la magia y el esoterismo. Soy el único loco de esta ciudad interesado en estas cosas, o lo que es en otras palabras, tengo todo el conocimiento de La Ciudad a mi alcance. Estos monos ignorantes que luchan por llegar a la siguiente noche no saben sobre qué tesoro viven, qué oro respiran ni qué poder aguarda en aquellos que han nacido aquí. 

Subo varios de los escalones... resuenan, no me gusta que resuenen, no los recordaba así. La barandilla está astillada y en algunos cachos está arrancada de cuajo. Uno de los escalones está hundido y hay marcas de enormes garras en la pared. No es un panorama agradable, sé que hice mal y qué he causado muchos problemas pero no por ello voy a echarme atrás ahora. Cuando no puedes hacer lo correcto al menos has de hacer lo menos incorrecto.

5 de noviembre de 1987
En los últimos días he avanzado mucho en mis investigaciones. He conseguido muestras frescas, el señor "Freeze", como se hace llamar, me debía unos cuantos favores y es él quien controla el banco de sangre y de donativos de órganos. En los hospitales hay más corrupción de la que imaginaba, en cuanto tienen la oportunidad de conseguir órganos frescos sus ojos se iluminan y sus siniestras garras son capaces de todo por obtenerlos.
En fin, gracias a esa corrupción interna mis experimentos son mucho más precisos y poco a poco me voy acercando a la Verdad de todo esto. Quiénes somos, qué somos y a dónde vamos. Las preguntas más importantes de la humanidad por fin serán respondidas. 


Ah... el segundo piso... lo echaba de menos, aquí pasé varias de mis noches con aquella chica del pelo rosa. Una buena mujer, me gustaría haber sido capaz de cuidar de nuestra hija pero no, mi trabajo era más importante. Mi... hija... ¿Qué habrá sido de ella? ¿Me atrevo a entrar? Toco el picaporte poco a poco pero algo me impide abrir esa puerta. No tengo derecho, no. No tengo derecho a la redención.
Sigo mi camino hacia el cuarto piso.

13 de enero de 1989
He conseguido varios éxitos. Éxitos relativos, prueban que mi teoría es posible pero no que sea cierta y mucho menos que sea la Verdad. El piso comienza a oler mal y he decidido pasar las noches en el segundo, una chica de pelo rosa me deja quedarme siempre que le traiga algo de droga o medicinas, según la noche. Nada difícil de crear para mí. He forrado todas las ventanas de mi piso para que nadie pueda ver lo que se esconde ahí dentro, no hay que llamar la atención con estas cosas. 

Escalón a escalón llego. Me apoyo en la pared para no caerme entre tanta penumbra y noto la pared húmeda. Llueve fuera y el edificio es antiguo, es normal que esté así. Veo como la luz de la calle se cuela por algunas de las grietas y las ventanas de los rellanos. Asciendo.
Responsabilidades y deberes, siempre han sido mi punto flaco, no me gustan, no puedo con ellos, son superiores a mí. Supongo que siempre fui el mismo tipo débil que quiso ser algo en este mundo. No lo sé.

16 de agosto de 1991
He logrado mi primer milagro, todo el piso comenzó a tambalearse y la misma realidad se dobló sobre sí misma. Y de entre todo un ser de aspecto oscuro me saludó y me advirtió de lo que estaba haciendo. Le grité que lo que hago es ciencia. Parecía saber más que yo de la manera que un padre sabe más que su hijo de tres años. 
Ha sido una experiencia un tanto extraña. Aún me tiembla el pulso y de vez en cuando me dan flashes, todo se ilumina y me pitan los oídos mientras me entra un dolor de cabeza muy punzante y muy agudo. A veces pienso que es por haber logrado ver algo que mi cerebro no lo puede concebir como real, se atasca y duele. Otras pienso que esto es una tontería, y que todo saldrá bien, que sólo ha sido mi imaginación y que el experimento me ha producido alguna clase de migraña. 
En otro orden de cosas, Susana comienza a tener dolores, espero que nuestro hijo no sea prematuro y tenga alguna complicación extraña.

Llegué al cuarto piso. Voy por el hueco de la derecha y me encuentro con mi puerta y con la de mis dos vecinos. ¿Tengo el valor de acabar con esto? No. Pero he de hacerlo. Piso fuerte, las tablas chirrían y toco el picaporte. Saco la llave del bolsillo de mi chaqueta y la introduzco... siento como la realidad se tambalea, como el tejido del mundo chirría y me asusta.

18 de mayo de 1994
Hoy es la noche en la que lo lograré. El Barquero me lo ha advertido innumerables veces, "la Verdad duele", "la Verdad no es para ti". No me importa el dolor... sin Susana ya no tengo nada que perder. Sólo espero que mi hija no me llegue a conocer nunca. 
Hoy es el día, hoy por fin lograré lo imposible. Hoy conoceré la vida, la libertad, la realidad y qué es este mundo; todas las dimensiones, universos y demás forman parte de un todo colosal, "algo que una mente humana no puede asimilar" pero hoy yo lo conseguiré, hoy yo lograré llegar a un estado pandimensional y perinteligente. 
Es el momento exacto, noche sin estrellas ni Luna, es el lugar exacto, la coordenada justa del punto donde todo comenzó. 

Entro en el piso. Sí... este vacío lo recuerdo. El piso se ve igual que siempre pero más abandonado, hay sangre por el suelo, las paredes están corroídas, hay telarañas por todas partes y los muebles están recubiertos del mismo plástico de siempre. Sólo al pisarlo siento todo el vacío que esta ciudad lleva consigo, en el centro del piso está, cómo no... El Barquero. Sólo escucho sus alas. Me está mirando con sus ojos oscuros ojos, no necesita hablarme, después de tanto tiempo ha esperado mi regreso y por fin estoy aquí. Sólo lo veo levantarse. Sé qué dirá, sé qué piensa. Me lo ahorro. Grito que estoy aquí. Grito que vengo a resolver esto. El Barquero de pronto está por todas partes y en ninguna a la vez, siento su aliento en mi boca, también está en mí. Sé qué he de hacer, grito. Vengo a ofrecerme como sacrificio. Vengo a salvar a esta ciudad del vacío. Vengo a ofrecerme como sacrificio para conservarla para siempre. Te ofrezco esta pesadilla de la que soy responsable. Tómala y haz que sirva de lección a toda la necia humanidad... Toma mi vida y bórrala, suprímela, elimínala. Haz lo que debas hacer. Cumplí mi parte del trato, he vuelto, ahora cumple la tuya, resuelve esto.

Historias Irrelevantes




jueves, 17 de octubre de 2013

Lectura y comida china

Trata de evadirse de la realidad en los viejos libros de la casa que ocupa desde hace años. Son los libros que sus anteriores dueños abandonaron antes de partir y no volver jamás a aquella ciudad de la noche. Aún hay maletas con el cierre roto en el suelo asomando la manga de alguna camisa, aún la pintura de la pared está o bien quemada o bien caída por la humedad, aún entra frío por la noche a través de los agujeros en los cristales, pero Tristán lee.
Su historia no sé muy bien en qué momento comienza o si, de hecho, comienza en algún momento, pero sé lo que le pasó. Toda la casa estaba vacía excepto un cuartito cercano a la entrada del piso, todos lo sabían, tendrías que ser nuevo en la ciudad para no saber algo así. Tristán dejaba los libros leídos a un lado y los que aún no había leído en otro lado, no se percataba que el cuarto era tan pequeño que esos dos lados eran el mismo pero no le importaba, así podría releer lo que quisiera. Había un colchón sobre un parqué rancio, una ventana arreglada con cinta aislante y una pequeña estufa de las antiguas, de las que dan dolor de cabeza.
Pocos hacían caso a Tristán, la mayoría lo tomaban por un loco del que uno no se podía aprovechar lo más mínimo en ningún ámbito por lo que, agradecido, me relató lo precioso que es que a uno le dejen en paz. A veces había gente que iba a su piso a pasar una temporada, total, él ni se enteraba y ellos mucho menos. Me contó que cuando bajaba a comprar comida o salía a abrir a alguien la puerta investigaba su casa y había encontrado de todo, incluso una vez me contaba entusiasmado que vio por la cerradura de una puerta el exorcismo de una mujer negra, un exorcismo poco ortodoxo según él aunque no me quiso dar detalles.
Tristán era un hombre muy curioso y entusiasta, era un pequeño bohemio del estudio. Cuando le llevaba comida sobrante del restaurante nos pasábamos la noche imaginando mundos e historias. No escribió mucho, decía que no merecía la pena, que le gustaba viajar no pilotar el avión. En mi opinión una pena, jamás olvidaré esas noches de fantasía desbordante, las prefería a lo que me traía mi hermano. Esto era mucho más real y lo sentía de verdad.
Recuerdo como poco a poco la noche desaparecía y la ciudad quedaba en ese gris que tienen las mañanas y la luz del sol nos asustaba como si fuésemos vampiros de novela. Abría el local para los pocos locos que se dedicaban a buscar un sitio donde poder continuar su noche lejos de lo diurno. Es lo que tienen los restaurantes asiáticos, son oscuros siempre.

Cuando pasé tres otoños con él me di cuenta de que algo no iba a bien, cada vez comía menos y su ánimo había decaído, no me quiso decir por qué, es como si hubiera descubierto algo inevitable, algo que, de contármelo, no serviría de nada. Un jueves volví a su casa por la tarde, llovía aciagamente, de manera exagerada. Protegí la comida para que no se mojase y corrí hacia su casa, cuando llegué al tercer piso de aquel roñoso edificio su puerta estaba cerrada y nadie respondía al otro lado, por suerte tenía una copia de las llaves. El pulso, tanto por miedo como por frío, me bailaba y mis ojos se desorbitaban por el miedo que tenía. Miedo a algo que ya sabía que iba a ocurrir, nunca lo quise admitir pero supe que pasaría lo que pasó. La cerradura cedió y dejé que la puerta se abriese sola. La puerta de Tristán estaba cerrada, como siempre, sólo escuché el ruido de mi bolsa de plástico y mis zapatos dando pasos inquietos por un chirriante suelo de madera, entré en su cuarto lentamente. No estaba. Lo sabía.
Me pasé aquella noche comiendo en su antigua habitación, ojeando algunos de los libros de los que Tristán siempre hablaba. Encontré uno muy viejo, prácticamente destrozado y, por tanto, el que más llamaba la atención, cómo no, siempre fui muy simple. Aquel libro estaba lleno de anotaciones de Tristán, muy nerviosas y había muchas notas intercaladas entre páginas, muchas de estas notas estaban dibujadas en vez de escritas, encontré círculos llenos de líneas, palabras que no comprendía y MAZAPÁN escrito por todas partes. No niego que Tristán estuviese un poco loco, pero esto era demasiado extraño incluso para él.
No volví a tener noticias de él y por lo que supe más tarde su casa fue reducida a cenizas por unos okupas que no supieron manejar el gas de su cocina. Aquel libro lo guardé, no quería que algo tan extraño se perdiese. Ahora me queda buscar quién le puede dar un uso o... si Tristán sigue vivo o siquiera sigue siendo humano.

Historias Irrelevantes

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cada tres noches hay una más

Me he terminado el vodka y... no sé qué más hacer hoy antes de irme a casa. Tengo el vaso agarrado por la punta de los dedos y no hago más que darle vueltas y entretenerme viendo los hielos girar. No vendrá, estoy casi segura de ello. Estuve segura a partir del segundo vaso de vodka. En fin... No pasa nada, o eso creo, o eso me hago creer. Ya está bien, me piro de este tugurio. 

Es bastante tarde, la Luna apenas alumbra aquí pero se la ve, tan hermosa como siempre señora Luna, ojalá yo hubiese envejecido mejor que usted. Quizá la vida que llevaba no hubiese estado tan mal seguirla, así ya habría muerto y no estaría viviendo esto. Qué le vamos a hacer. ¡Rebeca! ¡Espera! Escucho a mi espalda, es el imbécil al que esperaba, sorpresa, sorpresa. No me acuerdo de su nombre. Tío, pírate, ¿quieres? Necesito algo y tú no me lo puedes dar, le digo. El hombre baja la cabeza avergonzado, qué mono, quedan pocos tíos así, pero él debería saber que no me van los callados y vergonzosos. Ya quedan menos tías a las que les vayan los hombres tímidos, se extinguirán juntos supongo. ¡Eh...! Adiós y cuídate, ¿quieres? Le oigo a mi espalda, tan sólo le levanto el brazo para decir "sí, macho, te he oído, pero no te pienso hacer ni santo caso". Harry tiene más de lo que me gusta, no sólo en un hombre, sino como camello. Más por lo segundo que por lo primero. 

Odio las noches aquí, todo se ve amarillo. 
-Oye guapa... ¿cuánto cuestas?
Joder... hay que ser gilipollas. Ahora me dolerán los nudillos un par de horas, ese tío tenía la nariz bastante dura. Que le jodan. ¡Que le jodan! ...Cálmate, Rebeca, calma. Suspiro. Camino más despacio, soy consciente de mi respiración unos momentos. Llego hasta la parada de autobús al fin. Una noche más, me digo en bajito. Una noche más, me repito para mis adentros. Me busco en el bolso por si tengo suerte y encuentro algún cigarro, no es el caso. Joder. No hay nadie a quien le pueda pedir. 
Me dijo Yina que cogiera el nocturno en la plaza de al lado de su casa, espero que tenga razón, no quiero deambular demasiado esta noche. 
¡Al fin viene! ¡Joder! ¡Ya era hora! 

Yina tenía razón. Ya he llegado, el 43 de la calle del mercado alemán. La puerta es verde y astillada, vieja sin duda. En fin, mejor entrar que quedarse fuera. Me encuentro ante un vestíbulo lóbrego y angosto y me dirijo a las escaleras, ni me atrevo a llamar al ascensor. Llego al cuarto piso, a donde me dijo Yina, un local abandonado y lleno de polvo. Un techo en el que vivir esta noche. 
Camino por el parqué y siento como cada paso crea una sinfonía terrorífica mientras comienzo a oler un hedor muy familiar. No es asqueroso pero si perturbador. Abro la puerta con la letra C, el local abandonado, allí los muebles están cubiertos por plásticos y todo está cubierto por una pátina de polvo y antigüedad. Una de las paredes es toda acristalada, la luz de la calle se cuela por ella creando sombras de ultratumba en cada rincón. Delante mío hay un sofá, a la izquierda la cocina y a la derecha un pasillo que imagino llevará a las habitaciones. Comienzo a caminar hasta la lámpara de pié que está tras el sofá. Joder, ya sé de dónde venía ese olor. Joder, no. ¿Por qué me tocan siempre estas cosas a mí? Delante del sofá hay tres velas consumidas, puestas en cada vértice de un triángulo dibujado con tiza y en el centro se encuentra un charco de sangre muy grande, exageradamente grande. Sangre seca. Sangre apestosa. En medio de todo el charco hay un pequeño feto. Quemado. J. O. D. E. R. Qué asco, macho. Me acerco a la cocina a ver si encuentro un paño o una escoba o algo, yo aquí no duermo con eso ahí. ¿Quién sube a un cuarto piso para hacer una especie de ritual satánico? ¡Siempre me pasa algo, coño! 
Bien, joder, hay una escoba y un recogedor. Ay. Dios. ¿Por qué siempre a mí? Yina me va a oír cuando la coja de las coletas. Hecho, espero poder dormir lo que queda de noche. Mejor esto a cuando lo que te encuentras es un pastillero demasiado puesto, pero... esto es más perturbador. ¡Me va a oír esa zorra! Joder. Calma. Mis pastillas, el bolso. Necesito un par. Necesito calmarme. Vale. Creo que ya, creo que ya. Uf. 

Llevo ya tres días viviendo en el local abandonado y no he vivido tan mal, aunque la sangre no ha salido del parqué. Yina no tenía ni puta idea acerca del feto, yo creo que lo sabe pero no me lo quiere decir. Si me entero de que es suyo no sé qué la haré. Otra noche más la de hoy. Otra noche más, salgo a la calle a fumarme un cigarro y a buscar dónde dormir hoy. 

Historias Irrelevantes

jueves, 19 de septiembre de 2013

Terror en otros planos de existencia

Un verano me fui de vacaciones con mis padres a un pueblecito del norte cuando era un niño. Alquilamos un par de habitaciones en una casa rural para, ya sabéis, disfrutar de las delicias de la vida en el campo. Hacer alguna barbacoa, respirar aire puro mañanero y tener esa sensación de que el tiempo se detiene para ti.
Solía ir cada verano a algún lugar distinto, siempre con mis padres, "así conocerás de todo" decían. La mayoría de los viajes ocurren sin ninguna clase de percance o problema, no pasa nada especialmente interesante, nada más interesante que el lugar que visitamos. Aunque estas, particularmente estas, las recuerdo con todo lujo de detalles.

Aquel pueblo tenía una larga tradición celta que se remontaba a tiempos anteriores a Cristo y sorprendentemente conservaban un cementerio de aquel tiempo. El ayuntamiento y los órganos del municipio correspondiente lo habían escarbado y convertido en atracción turística, "si algo es raro y antiguo hay que verlo", ¿no? La tercera mañana que pasamos allí nos acercamos al dichoso cementerio, se podía caminar por algunas de las viejas criptas que habían sido limpiadas de restos y el turista debía imaginarse las paredes llenas de calaveras como lo estaba entonces, y como estaba cuando excavaron aquí. Los celtas eran un pueblo poco civilizado, bárbaro en muchos sentidos, y tenían una tradición malsana: se comían a sus enemigos para ganar su poder, así que un fuerte guerrero se creía que había consumido decenas de almas y por tanto tenía la fuerza de éstas. Siempre me parecieron unos pirados. 
No sé si formaba parte de la atracción o no pero en una esquina del cementerio había una casita muy vieja, no sé de qué época pero no era contemporánea; en esta choza vivía un señor muy mayor que me recordó al druida de los cómics de Astérix, salvo que éste estaba encorvado, mucho más arrugado y no tenía una barba tan de tebeo. 
Cuando, finalmente, el guía nos dejó libres me acerqué a aquella intrigante estructura pedregosa. Llamé a una rústica puerta de madera y la desagradable mirada de aquel anciano me asustó al instante. Me dijo que pasase, que le gustaban las visitas. Era un cuartucho, en una esquina la cama, en el centro un caldero y lo demás eran estantes con todo tipo de sacos, bolsas y botellas, toda la estancia rezumaba un olor a cerrado que me abofeteó la nariz con tanta fuerza que casi me derribó. El hombre me dijo que qué me traía por el pueblo y le dije que vacaciones pero a él no parecía interesarle demasiado, quizá no entendió qué significa "vacaciones". Estaba casi ciego lo cual le obligó a ponerse unas gafas muy gruesas para poder verme la cara bien, me dijo que mi cara era normal, que todo estaba en orden y que ya me podía ir. No me estaba enterando de nada. Cuando se quitó las gafas me acerqué a una mesa donde se leía un título de libro "El retrato de los muertos", parecía un libro manuscrito. Sin que el viejo se diese cuenta me llevé el libro y me fui deprisa a mi habitación sin mediar palabra con nadie. 

Aquel conjunto de páginas ocre y envejecidas estaba escrito de la misma manera que un libro del medievo, además de estar escrito en castellano antiguo. Por suerte no es difícil de diferenciar del castellano actual por lo que lo pude leer sin muchas dificultades. Al leer los primeros capítulos me di cuenta de que se trataba de un cuaderno de campo y, joder, vaya cuaderno de campo. En él se relataban toda serie de rituales y experimentos para comunicarse con los muertos, el viejo debía ser un brujo o algo raro pensé, o quizá un tipo aún más chalado de lo que parece. Según fui leyendo me di cuenta de que el cuaderno era mucho más antiguo que el anciano y de que no estaba escrito por él, el anciano lo debió haber encontrado y le pareció interesante, tanto como a mí. 
La segunda mitad del libro era más oscura, si cabe, no sólo ya había leído sobre los éxitos de los experimentos tales como comunicarse con difuntos de otras eras, así como atar almas en recipientes especiales o incluso introducirlas en objetos inanimados para que éstas volviesen al plano material de los vivos. Lo que ahora venía fue lo que me perturbó realmente, hasta aquí, como niño que aspiraba entonces a ser forense, el libro  me fascinaba y de hecho mientras lo leía pensaba en cómo hacer yo mismo aquellos experimentos en mi casa en la ciudad. Comenzó un capítulo llamado "Como Llamarlo". 
Me pareció curioso al principio cómo se había escrito "Llamarlo" con mayúscula pero me di cuenta de que fuere lo que fuere siempre era sustituido por un pronombre y una mayúscula. Se afirmaba la existencia de un ser demoníaco, o más bien alejado del bien y el mal, que vivía en el plano onírico, así como las ánimas, el cual podía ser convocado para realizar un trato que pudiere proporcionar un poder descomunal. Yo ya había leído sobre pactos con Satanás y me parecían todos una chufa, un engaño nada sutil y mucho menos convincente, creados para estúpidos desgraciados que querían sentirse importantes haciendo ocultismo barato. Pero esto parecía tan real que daba miedo. Llegué a unas páginas llenas de figuras geométricas de protección contra Él, incluso una manera de que en sueños no pudiera localizarte ni tocarte. Hablaban de un ser de proporciones cósmicas, de poderes inimaginables e incomprensibles para la humanidad. Pasé la noche en vela leyendo aquellas páginas sin detenerme. Me fascinaba y horrorizaba las atrocidades que ese ser podía llegar hacer por capricho, o al menos lo que a la humanidad le parecía un capricho. Cuando llegué a las últimas páginas leí exactamente esto, pues lo traduje y transcribí:

"Mas una cosa no ha de hacerse bajo ningun concepto.
Nunca su nombre ha de ser pronunciado, nunca deberas Decirselo,
nunca Debera saber que lo conoces, nunca Debera recordarlo.
Si tu lo pronuncias, si El lo escucha de ti,
te Encontrara a ti y a tu recipiente de carne y los Hará pedazos junto con tus tierras,
recuerdos, amores, sueños y vidas. La orgía de sangre teñira los mares de tu mundo, ahora condenado al desasosiego y tu, pobre mortal, nunca volveras a vivir en este o ningun otro plano de existencia. Te sera negada tu existencia.
Ten cuidado. Nunca pronuncies su nombre.
Menos en sueños."

El que lo escribía parecía tener miedo mientras lo hacía pues la letra estaba movida y el trazo era tembloroso, hasta encontré el recuerdo de gotas que habían mojado el viejo papel, ¿lágrimas? La última página estaba arrancada. Mejor, así nunca sabré el nombre de Aquello, espero que nadie lo sepa. Espero que el viejo que encontró este libro no lo sepa. O tan sólo espero haber hecho bien quemando aquel manuscrito. 

Historias Irrelevantes