Desde las cinco de la mañana está despierto. Desde las seis de la mañana está levantado y listo para el día que le toque. Es apenas una horita, pero le da la vida. Es la mejor hora del día. ¿Por qué no va a ser la primera hora la mejor? Quizá es que su vida no le gusta, pero esta hora le ayuda a seguir adelante. Quizá soñando con un mejor futuro. Quizá con la esperanza de que algo bueno le ocurra.
Tampoco piensa mucho en eso, a él le gusta su horita de por la mañana. Que no se la quiten.
A veces es jodida, claro. No todo lo bueno es siempre y para siempre, a veces cuesta. A veces incluso puede estropearle el día. Pero él se despierta para esa hora, sea tan buena como sea, sabe que será más interesante que el resto del día.
¿Que qué hace? Lo típico. Se levanta, va al baño, se mira en el espejo y, claro, a veces no le gusta lo que ve. Otras veces ha dormido bien y se sonríe a pesar de que no le guste que la edad le deje marcas en su cara. Tampoco puede hacer nada contra el tiempo, lo ha intentado. Trescientos años son muchos para cualquiera. No me rendiré, se dice para darse ánimos.
Se echa espuma de afeitar y se deja liso y suave. Poco sospechoso. Elegante y limpio. Pulcro. Se peina las canas y se acicala los pelos que aún tiene negros. Vuelve a sonreírse para lavarse los dientes. Es un ritual largo, pero le gusta. Le da una cierta tranquilidad tener esa hora para tomarse las cosas más tontas con calma.
Va hacia la cocina, el piso no es grande y llega enseguida. Está algo sucia, no suele tener tiempo para limpiar. Recoge los cacharros de la cena con total cuidado y mimo. Siempre se dice que esta noche los recogerá para no recogerlos mañana por la mañana. Pondera contratar a alguien para que limpie aunque sea el baño y la cocina que son los sitios más engorrosos de la casa. Pero tampoco quiere nadie entre en casa.
Se prepara un desayuno, suele ser ligero, tampoco quiere cargarse. Tampoco tiene tiempo para algo elaborado. No le importa. No es exigente.
Vuelve a su cuarto a vestirse. Tiene un buen armario aunque su casa sea humilde. Si te va la vida en ello, cuidas tu imagen, es natural. Camisa, chaleco apretado, americana y pantalones con raya. Tiene otro espejo en su cuarto, claro. Su sonrisa aquí se vuelve arrogante, ya sabes, la de alguien que cree saber muy bien lo que hace y que lo que hace es lo mejor que podría hacerse. Cuando se ajusta los gemelos lo hace con cuidado y delicadeza, quizá lo más delicado que haga durante todo el día. Cada cosa tiene su manera de hacerse, piensa para sí. No hay que tener prisa, no hay que correr con las cosas importantes. Y practica diferentes expresiones para parecer más vivo, quizá más humano.
Vuelve a sonar el despertador. Son las seis. Lo mira con despecho, el despecho de cada mañana. Es hora de irse, siempre tiene miedo a oxidarse un día, pero ese día nunca llega. Quizá nunca llegue. Se ajusta las pupilas, se afina las cuerdas vocales. Coge el abrigo, el sombrero y mira que el reloj de su muñeca esté en hora.
Es hora de irse.
Se despide de su hora.
Es hora de no mirar atrás.
Hasta mañana, claro.
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viernes, 17 de junio de 2016
Hay gente que lleva muchos años levantándose por la mañana
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viernes, 24 de julio de 2015
Mezclando placer y trabajo
A las siete de la mañana llegó el mensaje:
Tres fémures, un cráneo y dos costillas.
Zona de entrega: H
Hora: 3:00 am.
Pago: 40.000€
Jessica avisó a María. Tenían trabajo. María, aún desnuda con tan solo un albornoz y un cepillo de dientes en la boca se fijo en las partes, Jessica en la cantidad. Con eso tendrían para un mes, no sería difícil, María es precavida y estuvo guardando partes por si acaso durante bastante tiempo. Conservar huesos es mucho más barato que conservar órganos pero conseguirlos es mucho más difícil. Un ser humano medio tiene dos cientos seis huesos, aunque sean difíciles de extraer es mucha materia prima por ser humano. Lo cual es una empresa lucrativa.
María y Jessica se llevan muy bien. Tanto que no pueden pasar una noche sin la otra en el otro lado de la cama. Jessica era una bala perdida que ahora vive la vida aunque sigue haciendo algún trabajito que otro para conservar sus contactos, a María no le gusta que lo haga, claro. Se pone celosa. Por su lado, es forense. En un hospital no demasiado riguroso, no demasiado vigilado. Y llega a resultar sorprendente lo poco que se toca un cuerpo operado por un forense. Los maquilladores se llevan su parte y algunas noches, algunas personas acaban con un hueso o dos o tres totalmente nuevos.
Los fémures son fáciles de conseguir, hasta un tubo de cartón valdría para reemplazarlo mientras el muerto no se ponga de pie y ande, lo cual es improbable. María guardaba unos doce fémures en el depósito. ¿Qué más? ¿Costillas? Tiene una caja llena. Pero, ¿el cráneo? Eso sería más complicado. Es muy difícil conseguir un cráneo sin dañar el aspecto físico de la persona, y la gente sí se da cuenta cuando su madre recién fallecida no tiene cabeza. Debían planear algo.
Para eso está Jessica, María le cambiaría los turnos a su compañera por un 15% para poder hacer las guardias nocturnas. A la 1:00 am, más o menos, llegaría al depósito una víctima por peleas entre bandas decapitado por un 20%, por un 20% la banda a la que pertenecía el cadáver lo enterraría sin cabeza. María tendría una hora y media para limpiar el cráneo y que quede totalmente esterilizado, sin rastro de ningún ácido.
Por poco no lo consigue. Los paramédicos llevan a la pareja hasta el lugar con las sirenas puestas por un 10% y allí están a la hora exacta con toda la mercancía.
También está el pago. Se hace el intercambio limpiamente y cada uno se va a su casa. Jessica se encargará de pagar a cada uno su parte mientras María termina su turno en el hospital.
Y a las siete de la mañana del día siguiente tienen catorce mil euros en dinero negro. Jessica lo limpiará y María seguirá recolectando partes. Se dan un beso de buenas noches más apasionado que de costumbre y hasta mañana.
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Mejor que una radio
-¡Señor! ¡Todo lo que hemos encontrado es esta grabadora!
-¿Nada más? ¿Ni sangre, ni ropa, ni restos de nada?
-No, nada más, señor.
-Hm... Bien, déjela con las otras pocas pruebas que tenemos.
Más tarde.
-Bien, vamos a escuchar la dichosa cinta. A ver si así salimos de dudas.
-¿No habría que llevarla primero al laboratorio?
-No me fío de esos cabeza de huevo, quiero escucharla por mí mismo y saber qué narices pasó aquí.
El subteniente calló.
*Click*
-Aquí el profesor Pinker. Diario número cuatro de nuestra expedición hacia lo que hemos denominado como "La vena del infierno". No es el nombre más inspirador del universo, pero entre lo escabrosa que es, el calor que hace y que creemos atraviesa la corteza terrestre no nos quedó otra. Llevamos aquí dentro ya cuatro días y nos disponemos a seguir profundizando.
/////////////////////////
-Estábamos bajando pendiente abajo cuando encontramos unas extrañas estructuras geométricas. Como prismas rectangulares gigantes dispuestos aleatoriamente por toda la caverna. Y según nuestro sónar parece que hay una gran galería justo detrás de los prismas. Nos proponemos entrar.
////////////////////////
-Según nuestros aparatos, la galería debe medir unos doscientos metros de alto y no hemos logrado obtener medidas ni de ancho ni de largo. Debe ser inmensa. Dios sabe qué puede haber causado algo así.
///////////////////////
-¡Alto! ¡Muchachos! ¡Parad! Creo que he oído algo. Shh...
-...
-...
-...
[Se escucha un gran estruendo, como si toda la tierra temblase]
-¡Sshh!
[Se escucha un grito agónico monstruoso, se escucha lejos pero a la vez cerca, la grabadora no sabe muy bien cómo reproducirlo, las gráficas de sonido en el ordenador se ven inusuales, demasiado armónicas para lo monstruoso del sonido]
-¡Mire, profesor! ¡Qué coño es eso!
-¡Corred! ¡Co-
//////////////////////
Se hizo un silencio en la sala.
-¿Qué coño...?
-Debemos guardar esta cinta con nuestras vidas. La tienen que echar un vistazo nuestros expertos. Sea lo que sea que hay ahí abajo es peligroso y como salga a la superficie podemos estar jodidos. ¡Ah! ¡Por ahí vuelve mi querido alférez! ¿Encontró algo?
-No, señor.
-Alférez, ¿qué hace con ese arma?
-Los pequeños monos se han metido en la cueva equivocada, señor. Deben ser eliminados. Nadie disturba este territorio.
-¿Al... férez?
-¿Nada más? ¿Ni sangre, ni ropa, ni restos de nada?
-No, nada más, señor.
-Hm... Bien, déjela con las otras pocas pruebas que tenemos.
Más tarde.
-Bien, vamos a escuchar la dichosa cinta. A ver si así salimos de dudas.
-¿No habría que llevarla primero al laboratorio?
-No me fío de esos cabeza de huevo, quiero escucharla por mí mismo y saber qué narices pasó aquí.
El subteniente calló.
*Click*
-Aquí el profesor Pinker. Diario número cuatro de nuestra expedición hacia lo que hemos denominado como "La vena del infierno". No es el nombre más inspirador del universo, pero entre lo escabrosa que es, el calor que hace y que creemos atraviesa la corteza terrestre no nos quedó otra. Llevamos aquí dentro ya cuatro días y nos disponemos a seguir profundizando.
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-Estábamos bajando pendiente abajo cuando encontramos unas extrañas estructuras geométricas. Como prismas rectangulares gigantes dispuestos aleatoriamente por toda la caverna. Y según nuestro sónar parece que hay una gran galería justo detrás de los prismas. Nos proponemos entrar.
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-Según nuestros aparatos, la galería debe medir unos doscientos metros de alto y no hemos logrado obtener medidas ni de ancho ni de largo. Debe ser inmensa. Dios sabe qué puede haber causado algo así.
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-¡Alto! ¡Muchachos! ¡Parad! Creo que he oído algo. Shh...
-...
-...
-...
[Se escucha un gran estruendo, como si toda la tierra temblase]
-¡Sshh!
[Se escucha un grito agónico monstruoso, se escucha lejos pero a la vez cerca, la grabadora no sabe muy bien cómo reproducirlo, las gráficas de sonido en el ordenador se ven inusuales, demasiado armónicas para lo monstruoso del sonido]
-¡Mire, profesor! ¡Qué coño es eso!
-¡Corred! ¡Co-
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Se hizo un silencio en la sala.
-¿Qué coño...?
-Debemos guardar esta cinta con nuestras vidas. La tienen que echar un vistazo nuestros expertos. Sea lo que sea que hay ahí abajo es peligroso y como salga a la superficie podemos estar jodidos. ¡Ah! ¡Por ahí vuelve mi querido alférez! ¿Encontró algo?
-No, señor.
-Alférez, ¿qué hace con ese arma?
-Los pequeños monos se han metido en la cueva equivocada, señor. Deben ser eliminados. Nadie disturba este territorio.
-¿Al... férez?
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martes, 14 de julio de 2015
Carta desde la zona de quemados
Te escribo desde la zona de los quemados. ¿Te acuerdas de
quiénes son los quemados? No gente quemada, digo los quemados, ¿te acuerdas? El mundo es más grande ahora que entonces,
ahora… Ahora estamos juntos. Eso hizo, al menos a mi mundo, más grande.
No se está mal, la verdad. Es un
poco aburrido porque no hay mucho que hacer, los tienen un poco marginados. Nos
ponemos cerca de bidones llameantes a contarnos historias, ya sabes, historias
de la vida. Hay un tipo que era pescador, por ejemplo, pero ¡pescador del mar!
Ojalá algún día veas el mar, cielo. Te encantaría, lo sé. Nos contaba cuando
tenía que luchar contra olas de varios metros de alto en un humilde barco que
no tenía ni mecanismos de pesca, lo hacían todo con caña. Sé que todo esto debe
sonarte a chino pero a mí me trae tantos recuerdos… Nos contó cómo tuvo que
venirse y unirse a los quemados, de todos mis estudios el suyo es el caso más
insólito no por el caso en sí, sino por la localización. No se ve nada parecido
en la costa. Resulta que encontró alguna especie de monstruo marino, no
recuerda mucho, conoces ya cómo va esto, el shock,
el trauma, te hacen olvidarlo prácticamente todo. Él sólo recuerda ver a su
hermano alejarse gritando su nombre, lo buscaba, mientras, él, en el agua,
sabía con total certeza que iba a morir. Iba a morir y lo sabía. Como una
revelación, como una extraña certeza absoluta.
Al final resultó que
efectivamente, murió. Su cadáver fue arrastrado hasta las costas donde fue
levantado y marcado. Y tuvo que venirse hasta aquí, junto al resto. No conozco
ningún caso de un quemado formado en la costa, me ha roto todos los esquemas.
Pero no te voy a llenar la carta con mis estudios, sé que te
gustan pero tampoco tanto como para sólo querer saber sobre ellos. Te quiero
decir que te impresionaría este sitio, es austero y muchos de los quemados son
sin-techo, incluso yo duermo en un hostal de acogida, pero toda esta humildad y
el trabajo físico diario entonan melodías de crecimiento en mi interior, un
interior tan apagado que daba más miedo que la más oscura de las cavernas.
Y es de noche ya, estoy en el comedor común del hostal y se
respira un silencio tan… bonito. Se nota la devoción y el agradecimiento de los
quemados por esta comunidad. No sé por qué se les tiene tan apartados, además
de su aspecto claro, al principio cuesta acostumbrarse. Supongo que seguimos
juzgando por las apariencias. Espero que mis estudios puedan cambiar eso como
tú cambiaste mis ojos.
Nunca te lo podré agradecer suficiente. De verdad. Pienso en
ello cada noche desde la noche que sucedió. Te quiero.
Y te hice un regalito. Supongo que ya lo has visto porque
viene junto a la carta.
Hasta dentro de unos días.
Mucha suerte, mi creadora.
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jueves, 24 de julio de 2014
Playas nubladas
-He... he vuelto a la playa. Sólo quería saber si... bueno, si tú estarías por aquí.
-Oh... bueno, no te puedo decir que sí, ¿lo comprendes?
-Perfectamente. Sí.
-Es marzo, ¿qué se te ha perdido por allí?
-Tú.
-Ah... esto... sí, bueno. Disculpa un momento, ¿quieres? -¿Qué hago? Quiere verme.
-¿Sigues ahí?
-Ah, sí, sí. Eh... ¿hasta cuando estarás? -Calla, calla, que no le escucho.
-Hasta finales, el último sábado.
-Entiendo... pues, mira, yo iré a mediados, ¿qué te parece si... ya sabes?
-¿Nos tomamos un café?
-Sí, suena genial.
-Guay. Pues... eso, nos vemos allí, ¿no?
-Te llamaré.
-Vale, perfecto, sí, suena muy bien, sí.
-Hasta luego.
-A-... Adiós.
Ya llevan haciendo esta clase de cosas varios años. Se quieren y dejan de querer. Si te parecen absurdos quizá es que nunca has estado enamorado. Ven, siéntate. Esta foto me la mandaron unos viejos amigos. Creo que es Finlandia, no estoy seguro. Fue en su Luna de Miel, querían que me acordase. Sí... ¡Fueron buenos tiempos! ¿No te parece?
Oh, sí, perdona, mis modales, ¿quieres algo? ¿Un café, un té, una cerveza? Ah, cierto, qué cabeza, me estás leyendo. ¡Hola! Encantado. Ni si quiera me ves, ¿verdad? No pasa nada, no hará falta. Me llaman "Narrador", cuento las vidas de otros, un trabajo apasionante. No va con segundas, de verdad, me gusta esto. Es como no parar de leer historias y ver películas. Un narrador no crea nada, ni siquiera cuenta, tan sólo hace lo que le es propio, ¡narra! No controlo los eventos, emociones y acciones de los personajes. Ojalá. Estos dos no hubiesen roto cuatro veces. La de Galicia fue la peor. Era un noche lluviosa, ella estaba en su cama, la luz de la Luna iluminaba tenuemente la estancia y notaba el calor de su cabeza apoyada en sus hombros. Oh, tenías que ver su cara, estaba realmente satisfecha con esto que se planteaba siempre, con "vivir", la vida no había sido muy fácil para ella. También ocurría que se la complicaba ella sola, pero eso es otra historia. Hubo un momento que rompió el silencio:
-¿Te ha gustado?
-¿Ehm...? Sí... mucho-sonrió-.
-Genial, así no me sentiré mal cuando me vaya.
-¿Cómo? -Ella se recostó. Él la miró anonadado.
-Creí que te lo había dicho.
-Es evidente que no.
-Mañana me voy a Helsinki.
-¡¿Qué?!
-¿A qué viene tanta sorpresa?
-¡¿Cómo que a qué viene tanta sorpresa?! ¿Acaso te importo una mierda?
-¿Qué? ¿Qué dices?
-Mi novio se mañana a Helsinki y me entero la noche de antes. Gracias. ¿Sabes? Gracias. Me has ayudado a darme cuenta de que eres un capullo.
-Qué dramática, no es para tanto.
-¿Ah no? ¿Cuánto te vas?
-Dos meses.
-O sea que no te veré en dos putos meses a partir de mañana.
-Sí...
-Genial. ¿Sabes? De puta madre.
-Venga cariño, no es para tanto. Tengo Skype.
-Vete. En serio.
-Pero, cielo...
-Vete.
-¿Qué coño te pasa?
-¡¿Que qué me pasa?! Vete de una puta vez. Ni me llames. Que te jodan. Vete. Vete ahora. Ya.
-Pero tía, que te quiero, ¿qué dices?
-Y una puta mierda. Vete ahora mismo de mi cama y de mi casa.
-Tranquila tía, mira, te llamo mañana, ¿vale?
-No te enteras, ¿eh? Mucha mierda en la cabeza, ¿no?
-¿Qué dices?
-¡Estoy harta! ¡¿Me oyes?! ¡Harta!
-Que sí, que sí. Te veo mañana.
Pegó un portazo. Ella al instante se puso a llorar y a golpear la pared mientras gritaba su nombre, una y otra vez. Y frases sueltas como "¿por qué me haces esto?" o "¿qué he hecho? ¿Qué he hecho?". Aunque no sólo por esto es la peor, al día siguiente él la llamó. Resulta que el billete de avión era para el aeropuerto de Santiago de Compostela y no tenía cómo ir. Había dormido debajo de un puente por el chaparrón y necesitaba a alguien que le llevase porque él no tenía un duro. Ella accedió, apareció hecha un desastre y en bata. Se subió. Llevaban veinte minutos en total silencio. Él intentó decidir algo pero ella encendió la radio al instante. Llegaron al aeropuerto.
-Gracias, cariño. Te llamaré cuando llegué.
-Que. Te. Jodan.
Y aceleró. Resultó que le había dejado en el aeropuerto de La Coruña. Él perdió el avión y del cabreo no hablaron en ocho meses. Fue jodido. ¿Yo? Ah, estuve narrando otras cosas. Siempre hay algo que contar, no te preocupes.
Oh, ya es la hora, disculpa. Tienes que irte, bueno, no, no es tan simple. La cosa es que nuestra comunicación se corta ya. Lo siento. ¡Ya nos veremos!
Cuídate y ¡sigue radiando belleza como hasta ahora!
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miércoles, 23 de julio de 2014
Bajo dos semáforos
-Cuando era pequeña tenía este lugar en mi cabeza. El único lugar donde podía huir de los gritos, las peleas, la televisión y todo lo que ardía en mi casa. Mi madre era frenética, mis hermanos pasaban el día incordiándose el uno al otro y ni que decir cuando mi padre llegaba a casa. Siempre fui "la niñita de papá" pero eso no me excluía de los castigos, los gritos y su mala leche. Así que iba allí como medio de escape.
-¿Tan horrible era?
-Ni te imaginas-sorbió un poco de café-.
-¿Y cómo era el lugar?
-El lugar existe, o existió al menos. No recuerdo a dónde viajábamos, sólo recuerdo ir al funeral de algún familiar lejano. En medio de una autopista larga como la eternidad vimos dos semáforos en rojo. Mi padre se paró aunque no sabía muy bien por qué. Estuvimos allí un rato y viendo que no cambiaban a verde se bajó a ver qué pasaba con ellos. El resto de la familia aprovechó para estirar las piernas. Siempre fui una niña muy juguetona así que me fui a explorar. Acabé en una arboleda que imaginé que era un reino mágico, ya sabes, cosas de niñas. Me lo pasé tan bien que perdí la noción del tiempo, cuando volví al coche mis padres se habían ido junto a mis hermanos.
-Qué dices.
-De verdad.
-No me lo creo, ¿tus padres se olvidaron de ti?
-Siempre fui callada y ellos descuidados, entonces lo vi normal.
-¿En serio?
-Es que ya lo habían hecho antes.
-Joder...
Sorbió un poco más antes de volver a hablar.
-Bueno, cómo te decía. Allí estaba yo, junto a esos dos semáforos en medio de la nada. Todo en silencio. No imaginas qué silencio. Nunca había estado en un lugar así antes, era como un reino mágico pero esta vez no se sentía imaginado, se sentía auténticamente mágico.
-¿Y tus padres?
-Los volví volver a las tres horas, estuvieron un trecho de camino sin que supieran que yo no estaba.
-¿No te gritaron ni nada?
-Claro que sí, pero no me importaba, había estado en el lugar más maravilloso del mundo. Por eso desde entonces siempre que estaba mal o que las cosas en casa no iban... ¿bien? me encerraba en mi cuarto y pensaba que estaba allí, con el ruido de las cigarras, el olor a bosque y esos semáforos parando a todo el que pasaba sólo para que viese el mundo por el que iba.
-No había caído en eso de las semáforos.
-Deberían poner más.
-¿Tú crees?
-Esos semáforos seguramente ya no estén, serían de una obra o algo. Debería haber semáforos en permanente rojo en carreteras interminables.
-La gente se enfadaría.
-La gente se enfada de todas formas.
-Bien visto, trae la taza que te echo más.
-Gracias, pero sólo la leche esta vez, no soy muy de café-soltó una risita adorable-.
-¿Y qué tal la uni?
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domingo, 21 de julio de 2013
Equivocaciones en piedra
"Dios ha muerto" dijo un tipo con
bigote no hará demasiado tiempo. Hará un poco más de tiempo unos tipos con
utensilios cotidianos y actitud enfadada incendiaron las propiedades y cortaron las
cabezas de unos tipos con pelucas muy grandes que, por alguna razón, pensaban
que eran de mejor gusto que los sombreros de copa. Un poco de tiempo aún más
atrás un señor convenció a una pareja de millonarios para que les regalase tres
barcos y así poder ir a pedir sal a sus vecinos que, de lejos que estaban, se les
habían rasgado los ojos. Si nos remontamos aún más encontramos a un tipo de
semblante idóneo para monedas que estableció las hojas como la corona de mejor
porte y gusto, la falda la prenda más cómoda y ver comer a bestias de cuatro
patas el mejor espectáculo. Bastante lejos ya de nuestro punto de partida
encontramos a un tipo que colgaron a un poste por decir que, para variar, todo
sería mejor si fuéramos agradables con los demás.
Poca historia sé yo. La verdad. La justa y necesaria para saber de qué se habla o de cuándo es la persona que está ahí enterrada.
No sé de cuándo soy yo, los años no los cuento, tan sólo los vivo, y cuando estaba vivo tampoco me enteraba muy bien de qué pasaba a mi alrededor. "Si no me toca no es mi problema" solía decir. Tengo dos cosas claras, no he conocido ni al señor que colgaron de un poste ni al señor con bigote.
Últimamente viene gente por la noche al cementerio, es primavera, hace bueno, hay tumbas y se está en silencio. Hay raritos a los que ese ambiente les gusta, sólo hay que mirarme a mí, por eso no les espantó. Mi vida me enseñó que ser hipócrita es primero humano y segundo estúpido. Aunque creo que las dos enseñanzas están ligadas de alguna forma.
Muchas de estas personas se creen que hacen "ritos", se creen que "hablan" con los muertos. No saben absolutamente nada pero son felices, no soy quién para borrarles el sueño. Quiero decir, los muertos de mi cementerio están muertos. Idos. No están. Y de estar, ¿de verdad creen que una señora que murió hace un siglo quiere hablar con estos ciberpunks extraños? No lo creo, no conociendo a todos los que aquí están enterrados.
La magia se ha tomado a la ligera y ahora quieren traerla de nuevo como si fuese ir a un mercado y comprar un bote lleno de ella, te la echas en la comida y abra cadabra pata de cabra tienes poderes sobrenaturales. No, no funciona así. Pero, oye, ellos sabrán lo que hacen.
Me gustaría poder salir de mi cementerio en vez de estar en él atrapado. No me gustaría no volver, sólo salir y comprobar si sigue habiendo brujos, magos, chamanes y sacerdotisas como los había cuando perdí mi cuerpo.
Los latidos de mi corazón me lo recuerdan cada noche.
Hoy voy a espantar a quien venga. Creo que soy una especie de leyenda urbana para los que no son del pueblo. ¡Es divertido serlo, creanme! Porque sabes con certeza que aún hoy se sigue soñando con la fantasía de lo imposible.
Reflexiones nocturnas del Enterrador de Latón
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lunes, 8 de julio de 2013
Segunda parte de La trágica historia de Robert Philips
Otro día más comenzó en la historia de Robert Philips. Ya habían pasado más de setecientos días y apenas recordaba horas de alguno. Todo pasaba rápido y en silencio en la memoria del pequeño Robert, el cual, apoyado en su ventana, trataba de recordar su vida como quien trata de acordarse de la trama de una película largo tiempo vista.
Preguntas, preguntas, caminos sin salida, caminos sin entrada, respuestas, respuestas.
Llegó la hora del descanso, los muchachos bajaban a los patios internos del colegio a intercambiar ideas, hacer algún ejercicio no demasiado cansado, hablar de sus cosas o simplemente estirar las piernas. Marshall se encontraba junto con Thomas y el resto de la clase en una esquina escondida, Marshall les enseñaba su revista para adultos para conseguir esa satisfacción que se siente al ver que a la gente le brillan los ojos y se asombran gracias a ti mientras Robert se había ido más lejos de lo habitual, comenzaba a dejarles de lado pues cada vez estaba más seguro de no encajar allí, de aburrirse con esas conversaciones y cada vez necesitaba menos de su compañía. Prefería incluso esconderse sin quererlo de ellos.
Robert se encontraba en el otro patio del colegio, dando un paseo hasta que encontró un banco extraño, no miraba hacia dentro del patio como los demás, miraba hacia fuera. Lo vio maravilloso y perfecto por lo que tomó asiento. Para su asombro otro chico más joven que él también estaba sentado, callado, boquiabierto, mirando al cielo. Rara vez Robert conversaba y más extraña vez era él quien comenzaba a hablar, pero esta vez la ocasión lo requería:
-¿Qué... qué haces aquí? -Conocía la respuesta perfectamente, pero a veces uno necesita escucharla de boca de otro.
-Contemplar las nubes, me gusta pensar que podría dar largos paseos por ellas, ¡son tan esponjosas y enormes! Me gustaría viajar en ellas y no en un terrible avión.
-¿En avión? -se extrañó Robert, no sabía por qué pero este chico le llamaba mucho la atención. -¿De dónde vienes?
-De los Estados Unidos, pero no tengo acento, de pequeño fui criado en una pequeña casa de Escocia. Mis padres se divorciaron y mi madre encontró un marido rico en Florida y luego me metieron en esta cárcel.
-¿Cárcel?
-¡¿No te lo parece?! No pareces un niño de papá como el resto de aquí, pocos de aquí piensan por sí mismos y muchos menos para sí mismos. Odio este sitio, nunca puedo salir, nunca puedo correr, nunca puedo pintar, nunca puedo tocar mi armónica, nunca puedo ensuciar, nunca puedo estallar cosas, ¡nunca puedo hacer nada divertido!
-¿En qué curso estás? Pareces más pequeño que yo, pero no pareces más pequeño de aquí -Robert se señaló la cabeza con el índice.
-En cuarto, dicen que soy superdotado y me avanzaron un par de cursos. Tú eres de tercero, ¿no?
-Eh... sí, sí.
El extraño chico resopló mirando hacia el cielo.
-Me dan ganas de suicidarme.
-¿Hablas en serio?
-Claro, hablar en broma es perder un tiempo que podrías usar para hablar de verdad. Nunca digo palabras en vano.
-¿Cómo lo harías?
El chico de cuarto se comenzó a reír profundamente.
-¡Eres genial, amigo! Sabía que no eras como el resto, alguien normal hubiese preguntado "¿Por qué harías algo así?" o exclamarían "¡Estás loco! ¡No lo hagas! ¡Es tirar tu vida por la borda!". Pero no, me tocó hablar con el tipo que dijo "¿Cómo lo harías?". ¿Qué pasa? ¿Tú también quieres acabar con esto?
-No... yo estoy contento con soñar que puedo correr fuera de esta valla.
-Te conformas con poco, amigo. Bueno, eso es el timbre, un placer haberte conocido, esto...
-Robert, Robert Philips.
-¡Encantado suicida Philips! Yo me llamo Nathan.
Por alguna razón ese calificativo no le sentó mal a Robert. Se dieron la mano y cada uno fue a su clase. Robert pasó las siguientes clases imaginando como Nathan se suicidaría. Había muchas posibilidades y se preocupó por anotar todas las posibilidades.
Después de las clases Robert volvió al mundo real y entró en su cuarto. Allí estaban Thomas, Marshall y unos chicos que creía de cuarto. Thomas estaba sentado en su cama pálido, no miró a Robert, no movió su cabeza, miraba a la nada, pero en cuanto entró Robert se metió en la cama mirando a la pared.
-¡Por fin llegas Robert! Te estábamos esperando para darte una pequeña sorpresa, ¿verdad chicos? -dijo Marshall con ese tono de bruto estúpido.
-¿Qué es esto Marshall?
-¡Vaya! ¡Así que puedes hablar! ¡Te creíamos mudo! Y, oh, no te preocupes por este comité de bienvenida, tan sólo queremos enseñarte de qué va el mundo.
Robert puso una cara extrañada y apenas pudo reaccionar cuando dos de esos chicos más fuertes que él le pegaron un puñetazo tan fuerte en la cara que lo noquearon. Se despertó en los baños.
-Bueno, todos los de este edificio están haciendo gimnasia abajo, por lo que nadie te podrá oír gritar. ¿No es fantástico? Me encanta cuando los planes salen bien. -Era Marshall, quería darse aires de grandeza pero se le notaba nervioso y le temblaba la voz. -Estamos hartos de tu actitud, ¡joder! ¡Somos tus putos amigos! Pero tú tienes que ser el chico guay, el chico mudo que todo lo sabe. "El chico mayor". ¡Ya estamos hartos! Mira, te he estado cuidando desde que llegaste y supe que teníamos que compartir cuarto, pero me quemas la sangre, Robert, y quiero que sepas una cosa: eres escoria. No vales absolutamente nada en este mundo y de morir no te echaría nadie de menos. A uno le hace pensar, ¿eh? ¿No lo habías pensado ya tú que piensas tanto?
Robert que estaba sentado apoyado en la pared apenas comprendía de qué iba ese paripé, notaba su pómulo entumecido y no podría saber menos qué estaba pasando. Recibió una patada en la cara por parte de Marshall que lo tumbó y, a continuación, sintió docenas de coces en su cuerpo, apenas gritaba, se había quedado sin voz.
-¡Vamos! ¡Grita! ¡Reacciona ante algo maldita sea!
Cuando se cansaron de apalearle él yacía casi inerte en la esquina del cuarto de baño del edificio contiguo al suyo.
-Joder, Robert. Estás hecho un asco. -Siguió Marshall- Deberías cambiarte y darte una ducha antes de cenar, no vaya a pensar la gente que te hemos hecho algo malo, ¿entiendes? Si una sola persona se entera de lo que has vivido hoy te mataremos, ¡¿lo entiendes?! Oh, joder. ¡Vamos! ¡Levanta! Qué desperdicio de ser humano estás hecho, Robert.
Y sin más, se fueron.
Pasaron un par de horas y Robert entró en el cuarto a duras penas, cayó rendido en la cama. En el cuarto sólo estaba Thomas leyendo un libro para intentar no imaginarse lo peor, cuando entró Robert lo cerró de golpe y le preguntó muy nervioso. Robert sólo quería echarse un rato.
-Hablamos luego... -suspiró.
-Mira, yo bajo a cenar, no sé qué ha pasado pero no deberías saltarte la cena o vendrán aquí a verte.
Thomas cerró la puerta y a los cinco minutos Robert abrió el cajón de su mesilla. Tenía varios cuadernos llenos de ideas preciosas y soñadoras, pero también las apuntadas en ese mismo día.
"¿Cuál sería la mejor manera de hacerlo?" Se preguntó. "¿Cuál?". "¿Qué es 'mejor'?"
Bajó a cenar.
Al día siguiente se encontraba algo mejor pero aún dolorido volvió a expensas de correr el riesgo de otra paliza al banco donde se sentaba Nathan.
-¡Joder compadre! ¡Estás en un aspecto terrible! No habrás intentado suicidarte, ¿verdad?
-No... no fue eso.
-Menos mal, porque no querría que de la noche a la mañana la única persona decente en este estercolero muriese sin previo aviso.
-¿Sabes? Siempre me fascinó el fuego... Siempre es libre, va a donde quiere y nada se interpone a su paso. Quisiera ser fuego.
-"Siempre hay tiempo para todo lo que un hombre valiente se propone" me enseñó mi padre.
-Tú padre tenía mucha razón.
Este tipo
Desde tu cafetería más cercana, callado
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Preguntas, preguntas, caminos sin salida, caminos sin entrada, respuestas, respuestas.
Llegó la hora del descanso, los muchachos bajaban a los patios internos del colegio a intercambiar ideas, hacer algún ejercicio no demasiado cansado, hablar de sus cosas o simplemente estirar las piernas. Marshall se encontraba junto con Thomas y el resto de la clase en una esquina escondida, Marshall les enseñaba su revista para adultos para conseguir esa satisfacción que se siente al ver que a la gente le brillan los ojos y se asombran gracias a ti mientras Robert se había ido más lejos de lo habitual, comenzaba a dejarles de lado pues cada vez estaba más seguro de no encajar allí, de aburrirse con esas conversaciones y cada vez necesitaba menos de su compañía. Prefería incluso esconderse sin quererlo de ellos.
Robert se encontraba en el otro patio del colegio, dando un paseo hasta que encontró un banco extraño, no miraba hacia dentro del patio como los demás, miraba hacia fuera. Lo vio maravilloso y perfecto por lo que tomó asiento. Para su asombro otro chico más joven que él también estaba sentado, callado, boquiabierto, mirando al cielo. Rara vez Robert conversaba y más extraña vez era él quien comenzaba a hablar, pero esta vez la ocasión lo requería:
-¿Qué... qué haces aquí? -Conocía la respuesta perfectamente, pero a veces uno necesita escucharla de boca de otro.
-Contemplar las nubes, me gusta pensar que podría dar largos paseos por ellas, ¡son tan esponjosas y enormes! Me gustaría viajar en ellas y no en un terrible avión.
-¿En avión? -se extrañó Robert, no sabía por qué pero este chico le llamaba mucho la atención. -¿De dónde vienes?
-De los Estados Unidos, pero no tengo acento, de pequeño fui criado en una pequeña casa de Escocia. Mis padres se divorciaron y mi madre encontró un marido rico en Florida y luego me metieron en esta cárcel.
-¿Cárcel?
-¡¿No te lo parece?! No pareces un niño de papá como el resto de aquí, pocos de aquí piensan por sí mismos y muchos menos para sí mismos. Odio este sitio, nunca puedo salir, nunca puedo correr, nunca puedo pintar, nunca puedo tocar mi armónica, nunca puedo ensuciar, nunca puedo estallar cosas, ¡nunca puedo hacer nada divertido!
-¿En qué curso estás? Pareces más pequeño que yo, pero no pareces más pequeño de aquí -Robert se señaló la cabeza con el índice.
-En cuarto, dicen que soy superdotado y me avanzaron un par de cursos. Tú eres de tercero, ¿no?
-Eh... sí, sí.
El extraño chico resopló mirando hacia el cielo.
-Me dan ganas de suicidarme.
-¿Hablas en serio?
-Claro, hablar en broma es perder un tiempo que podrías usar para hablar de verdad. Nunca digo palabras en vano.
-¿Cómo lo harías?
El chico de cuarto se comenzó a reír profundamente.
-¡Eres genial, amigo! Sabía que no eras como el resto, alguien normal hubiese preguntado "¿Por qué harías algo así?" o exclamarían "¡Estás loco! ¡No lo hagas! ¡Es tirar tu vida por la borda!". Pero no, me tocó hablar con el tipo que dijo "¿Cómo lo harías?". ¿Qué pasa? ¿Tú también quieres acabar con esto?
-No... yo estoy contento con soñar que puedo correr fuera de esta valla.
-Te conformas con poco, amigo. Bueno, eso es el timbre, un placer haberte conocido, esto...
-Robert, Robert Philips.
-¡Encantado suicida Philips! Yo me llamo Nathan.
Por alguna razón ese calificativo no le sentó mal a Robert. Se dieron la mano y cada uno fue a su clase. Robert pasó las siguientes clases imaginando como Nathan se suicidaría. Había muchas posibilidades y se preocupó por anotar todas las posibilidades.
Después de las clases Robert volvió al mundo real y entró en su cuarto. Allí estaban Thomas, Marshall y unos chicos que creía de cuarto. Thomas estaba sentado en su cama pálido, no miró a Robert, no movió su cabeza, miraba a la nada, pero en cuanto entró Robert se metió en la cama mirando a la pared.
-¡Por fin llegas Robert! Te estábamos esperando para darte una pequeña sorpresa, ¿verdad chicos? -dijo Marshall con ese tono de bruto estúpido.
-¿Qué es esto Marshall?
-¡Vaya! ¡Así que puedes hablar! ¡Te creíamos mudo! Y, oh, no te preocupes por este comité de bienvenida, tan sólo queremos enseñarte de qué va el mundo.
Robert puso una cara extrañada y apenas pudo reaccionar cuando dos de esos chicos más fuertes que él le pegaron un puñetazo tan fuerte en la cara que lo noquearon. Se despertó en los baños.
-Bueno, todos los de este edificio están haciendo gimnasia abajo, por lo que nadie te podrá oír gritar. ¿No es fantástico? Me encanta cuando los planes salen bien. -Era Marshall, quería darse aires de grandeza pero se le notaba nervioso y le temblaba la voz. -Estamos hartos de tu actitud, ¡joder! ¡Somos tus putos amigos! Pero tú tienes que ser el chico guay, el chico mudo que todo lo sabe. "El chico mayor". ¡Ya estamos hartos! Mira, te he estado cuidando desde que llegaste y supe que teníamos que compartir cuarto, pero me quemas la sangre, Robert, y quiero que sepas una cosa: eres escoria. No vales absolutamente nada en este mundo y de morir no te echaría nadie de menos. A uno le hace pensar, ¿eh? ¿No lo habías pensado ya tú que piensas tanto?
Robert que estaba sentado apoyado en la pared apenas comprendía de qué iba ese paripé, notaba su pómulo entumecido y no podría saber menos qué estaba pasando. Recibió una patada en la cara por parte de Marshall que lo tumbó y, a continuación, sintió docenas de coces en su cuerpo, apenas gritaba, se había quedado sin voz.
-¡Vamos! ¡Grita! ¡Reacciona ante algo maldita sea!
Cuando se cansaron de apalearle él yacía casi inerte en la esquina del cuarto de baño del edificio contiguo al suyo.
-Joder, Robert. Estás hecho un asco. -Siguió Marshall- Deberías cambiarte y darte una ducha antes de cenar, no vaya a pensar la gente que te hemos hecho algo malo, ¿entiendes? Si una sola persona se entera de lo que has vivido hoy te mataremos, ¡¿lo entiendes?! Oh, joder. ¡Vamos! ¡Levanta! Qué desperdicio de ser humano estás hecho, Robert.
Y sin más, se fueron.
Pasaron un par de horas y Robert entró en el cuarto a duras penas, cayó rendido en la cama. En el cuarto sólo estaba Thomas leyendo un libro para intentar no imaginarse lo peor, cuando entró Robert lo cerró de golpe y le preguntó muy nervioso. Robert sólo quería echarse un rato.
-Hablamos luego... -suspiró.
-Mira, yo bajo a cenar, no sé qué ha pasado pero no deberías saltarte la cena o vendrán aquí a verte.
Thomas cerró la puerta y a los cinco minutos Robert abrió el cajón de su mesilla. Tenía varios cuadernos llenos de ideas preciosas y soñadoras, pero también las apuntadas en ese mismo día.
"¿Cuál sería la mejor manera de hacerlo?" Se preguntó. "¿Cuál?". "¿Qué es 'mejor'?"
Bajó a cenar.
Al día siguiente se encontraba algo mejor pero aún dolorido volvió a expensas de correr el riesgo de otra paliza al banco donde se sentaba Nathan.
-¡Joder compadre! ¡Estás en un aspecto terrible! No habrás intentado suicidarte, ¿verdad?
-No... no fue eso.
-Menos mal, porque no querría que de la noche a la mañana la única persona decente en este estercolero muriese sin previo aviso.
-¿Sabes? Siempre me fascinó el fuego... Siempre es libre, va a donde quiere y nada se interpone a su paso. Quisiera ser fuego.
-"Siempre hay tiempo para todo lo que un hombre valiente se propone" me enseñó mi padre.
-Tú padre tenía mucha razón.
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domingo, 30 de junio de 2013
Momentos en un avión
En ocasiones vuelvo de mis viajes a visitar a un terrible y viejo amigo. Le encanta escuchar mis aventuras, si es que son aventuras.
Prepara dos cafés, nos sentamos en su jardín y mientras riega las plantas o vemos el mar podemos pasar horas y horas hablando. Hay noches que acabaron en mañanas. Creo que todo el mundo debería tener un amigo así.
Una vez le conté el encuentro que tuve con una niña pequeña. Estaba en una ciudad cuyo nombre no recuerdo, prefiero viajar así, sé que era asiática, por la gente de ojos rasgados más que nada, y allí, caminando entre calles tranquilas de comercios, artesanos y normalidad, encontré una niña que lloraba y lloraba pero nadie la quiso hacer caso. Traté de hablar con ella pero la lengua siempre fue una barrera para mí, se calmó y me señaló al cielo, allí arriba vi un globo enganchado en un tejado, era verde con una carita sonriente. La cuerda estaba enganchada en un árbol bastante alto y el globo, la mismo tiempo, se daba con un tejado. Avisé al tendero, intenté convencerlo de que me dejara entrar para subirme al tejado, el hombre, terco y estresado, me gritó y gritó, no le culpo ya que no entendía una palabra de lo que yo decía. Le cogí de la mano y lo saqué fuera para enseñarle el globo, se cruzó de brazos, miro hacia abajo con los ojos cerrados y con una mueca de "vale, pero date prisa" me dijo que entrara.
Con cuidado me subí a aquel tejado anciano de tejas rojas y alguna que otra telaraña. Me deslicé hasta la parte delantera y me colgué del árbol para deshacer primero el nudo de la rama, según lo hacía escuché un "crack" y mi cara pasó de ser la de alguien en tensión por resolver un problema a la de alguien en tensión por ver su vida pasar ante sus ojos. Como con un instinto felino salté de nuevo al tejado del que me empecé a resbalar, me dejó la camiseta echa jirones pero me logré agarrar a la parte más alta. Tomé aire y fui a coger el globo. Tumbada y paso a paso como un agente secreto por un conducto de ventilación me arrastré hasta el final del tejado. Poco a poco, no quería volver a zarandearme. Llegué, agarré al borde, me asomé y ¡sorpresa! ¡El globo no estaba! Me empecé a poner muy nerviosa hasta que la realidad me dio un golpe y fui consciente de todo lo que pasaba.
Resulta que la rama que yo había partido tenía enganchada la cuerda del globo y por el peso de ésta el globo había bajado suavemente hasta las manos de aquella niña. Todo el mundo me vitoreaba y yo sin embargo seguía buscando dónde podría estar el globo. En fin, me elogiaron y esas cosas, son gente muy agradecida la verdad, hasta me dieron unas verduras. La niña por su parte me cogió de la mano y se puso a correr con el globo, arrastrándome, imaginé que me quería llevar a algún sitio.
Acabamos en una zona residencial, ya atardecía y el cielo se había puesto de un naranja precioso. Llegamos a un descampado, supongo que sería un terreno sin edificar, había un paquete de ladrillos, un par de árboles pequeños y hierba verde así como alguna que otra roca. Se paró delante de una de las rocas, se puso el dedo en la boca y soltó un "chst", creo que eso es universal, ¿no? Dio dos golpes a la roca con la mano y luego le pegó una patada. De pronto, sin yo esperarme nada, la roca se levantó, ¡tenía patas a cada lado! Se giró hacia nosotros y le salió una cabeza como de reptil pero muy consciente, es extraño de explicar, era como una tortuga con caparazón de piedra. Se puso a dos patas o pies, la verdad no sé qué decir, y la niña le dio el globo, le dijo algo y el creo que dijo "comprendo". Me miró con unos ojos empáticos y dijo "así que tú también eres una forastera extraña, ¿eh?". Como es normal, me quedé completamente perpleja. "Deja que te enseñe algo", su cuerpo comenzó a cambiar hasta que apareció un ser peludo con cara de señor mayor amable y unas ropas muy anchas, se sentó con las piernas cruzadas e hizo un gesto para que me sentara.
"Llegué aquí hace trescientos cuarenta y algo años, quizá más, perdí la cuenta. Muchos amigos míos también llegaron aquí, es un buen lugar para los de mi clase. Eres alguien especial", me dijo, "sólo nos pueden ver los niños, el resto de personas olvidan que los seres fantásticos existimos. Pero aún queda gente como tú, soñadores dementes que no perdieron su inocencia." Soltó una carcajada, cogió un puñado de tierra y lo transformó en un vaso de barro, luego arrancó unos hierbajos, se los puso en el puño y de su mano chorreó té. Me miró a los ojos, "Conozco a ese amigo tuyo. Le conocemos casi todos, aunque él no nos recuerde, dale mis saludos". No podía creerme nada de lo que estaba pasando. Antes de siquiera poder abrir la boca me dijo "Muchas gracias por ayudar a mi pequeña amiga y recuerda que nunca hay que perder la magia que todos llevamos dentro, pero sé que tú no lo harás".
No sé qué quiso decir exactamente pero al parpadear me encontraba a bordo de un avión rumbo a otro lugar y lo recordaba todo borroso, como un sueño.
Puede que no pasase nunca y todo fuese un sueño que tuve subida a un avión pero... fuese real o no, ese té estaba muy dulce.
Suerte
Remuevo un café cada mañana
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Prepara dos cafés, nos sentamos en su jardín y mientras riega las plantas o vemos el mar podemos pasar horas y horas hablando. Hay noches que acabaron en mañanas. Creo que todo el mundo debería tener un amigo así.
Una vez le conté el encuentro que tuve con una niña pequeña. Estaba en una ciudad cuyo nombre no recuerdo, prefiero viajar así, sé que era asiática, por la gente de ojos rasgados más que nada, y allí, caminando entre calles tranquilas de comercios, artesanos y normalidad, encontré una niña que lloraba y lloraba pero nadie la quiso hacer caso. Traté de hablar con ella pero la lengua siempre fue una barrera para mí, se calmó y me señaló al cielo, allí arriba vi un globo enganchado en un tejado, era verde con una carita sonriente. La cuerda estaba enganchada en un árbol bastante alto y el globo, la mismo tiempo, se daba con un tejado. Avisé al tendero, intenté convencerlo de que me dejara entrar para subirme al tejado, el hombre, terco y estresado, me gritó y gritó, no le culpo ya que no entendía una palabra de lo que yo decía. Le cogí de la mano y lo saqué fuera para enseñarle el globo, se cruzó de brazos, miro hacia abajo con los ojos cerrados y con una mueca de "vale, pero date prisa" me dijo que entrara.
Con cuidado me subí a aquel tejado anciano de tejas rojas y alguna que otra telaraña. Me deslicé hasta la parte delantera y me colgué del árbol para deshacer primero el nudo de la rama, según lo hacía escuché un "crack" y mi cara pasó de ser la de alguien en tensión por resolver un problema a la de alguien en tensión por ver su vida pasar ante sus ojos. Como con un instinto felino salté de nuevo al tejado del que me empecé a resbalar, me dejó la camiseta echa jirones pero me logré agarrar a la parte más alta. Tomé aire y fui a coger el globo. Tumbada y paso a paso como un agente secreto por un conducto de ventilación me arrastré hasta el final del tejado. Poco a poco, no quería volver a zarandearme. Llegué, agarré al borde, me asomé y ¡sorpresa! ¡El globo no estaba! Me empecé a poner muy nerviosa hasta que la realidad me dio un golpe y fui consciente de todo lo que pasaba.
Resulta que la rama que yo había partido tenía enganchada la cuerda del globo y por el peso de ésta el globo había bajado suavemente hasta las manos de aquella niña. Todo el mundo me vitoreaba y yo sin embargo seguía buscando dónde podría estar el globo. En fin, me elogiaron y esas cosas, son gente muy agradecida la verdad, hasta me dieron unas verduras. La niña por su parte me cogió de la mano y se puso a correr con el globo, arrastrándome, imaginé que me quería llevar a algún sitio.
Acabamos en una zona residencial, ya atardecía y el cielo se había puesto de un naranja precioso. Llegamos a un descampado, supongo que sería un terreno sin edificar, había un paquete de ladrillos, un par de árboles pequeños y hierba verde así como alguna que otra roca. Se paró delante de una de las rocas, se puso el dedo en la boca y soltó un "chst", creo que eso es universal, ¿no? Dio dos golpes a la roca con la mano y luego le pegó una patada. De pronto, sin yo esperarme nada, la roca se levantó, ¡tenía patas a cada lado! Se giró hacia nosotros y le salió una cabeza como de reptil pero muy consciente, es extraño de explicar, era como una tortuga con caparazón de piedra. Se puso a dos patas o pies, la verdad no sé qué decir, y la niña le dio el globo, le dijo algo y el creo que dijo "comprendo". Me miró con unos ojos empáticos y dijo "así que tú también eres una forastera extraña, ¿eh?". Como es normal, me quedé completamente perpleja. "Deja que te enseñe algo", su cuerpo comenzó a cambiar hasta que apareció un ser peludo con cara de señor mayor amable y unas ropas muy anchas, se sentó con las piernas cruzadas e hizo un gesto para que me sentara.
"Llegué aquí hace trescientos cuarenta y algo años, quizá más, perdí la cuenta. Muchos amigos míos también llegaron aquí, es un buen lugar para los de mi clase. Eres alguien especial", me dijo, "sólo nos pueden ver los niños, el resto de personas olvidan que los seres fantásticos existimos. Pero aún queda gente como tú, soñadores dementes que no perdieron su inocencia." Soltó una carcajada, cogió un puñado de tierra y lo transformó en un vaso de barro, luego arrancó unos hierbajos, se los puso en el puño y de su mano chorreó té. Me miró a los ojos, "Conozco a ese amigo tuyo. Le conocemos casi todos, aunque él no nos recuerde, dale mis saludos". No podía creerme nada de lo que estaba pasando. Antes de siquiera poder abrir la boca me dijo "Muchas gracias por ayudar a mi pequeña amiga y recuerda que nunca hay que perder la magia que todos llevamos dentro, pero sé que tú no lo harás".
No sé qué quiso decir exactamente pero al parpadear me encontraba a bordo de un avión rumbo a otro lugar y lo recordaba todo borroso, como un sueño.
Puede que no pasase nunca y todo fuese un sueño que tuve subida a un avión pero... fuese real o no, ese té estaba muy dulce.
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domingo, 2 de junio de 2013
Sorpresas por la mañana
Una vez vi a un hombre sin cara. Ni cabeza.
Este hombre lo encontré por pura casualidad una mañana de hace años, una mañana de domingo, de cigarros apagados y resacas. Me tomaba un café, no era un buen tiempo para nadie. Sentada, en una cafetería, me preguntaba por qué la lluvia nos inspira tanto... siempre la quise muchísimo, a la lluvia digo; entonces vino él, se sentó delante mío preguntando por mi historia, por lo que había pasado. No sé aún hoy por qué me preguntó algo así, no es algo usual que digamos ni tampoco es una información útil... Yo no la veo útil desde luego.
Este hombre me sorprendió mucho, su cara era muy natural, y eran casi imperceptible las imperfecciones de su disfraz, no tenía siquiera ojos reales. Llevaba una máscara perfecta, una que le decía "sal a la calle, vive tu día, sé amable, ayuda a quien lo necesite, descubre el mundo" y eso hacía él. Disfrutaba con ello, aún con una máscara.
Después de contarle mi historia estuvimos charlando un buen rato. Empezamos prontísimo, apenas había amanecido y ya era mediodía. Me gustaba que, mientras contaba sus pensamientos y delirios, dibujaba en una servilleta de papel seres fantásticos que nunca había visto. Estos son algunos de ellos:
Le dije que los conservase y me dijo que no, que ahora deberían vivir por su cuenta, eché una carcajada y se los quité. Nos hicimos muy amigos en apenas una mañana, no tenía aspecto de tener muchos amigos y que los dioses me destruyan si miento cuando digo que yo no tenía ninguno... Fue la mejor mañana que hasta entonces había vivido y todo gracias a que un niño curioso me preguntó cuál era mi historia. ¿Cuál es mi historia? A veces me gustaría escribir que no me mordí el labio y que no miré hacia otro lado... pero esa es mi historia. ¿Cuál es mi historia? Ahora sonrío, mi corazón se llena de nostalgia y mis pasos, diarios, recuerdos, amistades y actos me sacan lágrimas a abrazos, los más sinceros abrazos del mundo mundial.
Cuál es mi historia... Al final no importa cuál es, no importa si es alegre, triste, sádica, trepidante, variada o monótona... Creo que lo que importa al final no es cuál es esa historia si no lo que hagas hoy con ella.
Suerte
Remuevo un café cada mañana
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Este hombre lo encontré por pura casualidad una mañana de hace años, una mañana de domingo, de cigarros apagados y resacas. Me tomaba un café, no era un buen tiempo para nadie. Sentada, en una cafetería, me preguntaba por qué la lluvia nos inspira tanto... siempre la quise muchísimo, a la lluvia digo; entonces vino él, se sentó delante mío preguntando por mi historia, por lo que había pasado. No sé aún hoy por qué me preguntó algo así, no es algo usual que digamos ni tampoco es una información útil... Yo no la veo útil desde luego.
Este hombre me sorprendió mucho, su cara era muy natural, y eran casi imperceptible las imperfecciones de su disfraz, no tenía siquiera ojos reales. Llevaba una máscara perfecta, una que le decía "sal a la calle, vive tu día, sé amable, ayuda a quien lo necesite, descubre el mundo" y eso hacía él. Disfrutaba con ello, aún con una máscara.
Después de contarle mi historia estuvimos charlando un buen rato. Empezamos prontísimo, apenas había amanecido y ya era mediodía. Me gustaba que, mientras contaba sus pensamientos y delirios, dibujaba en una servilleta de papel seres fantásticos que nunca había visto. Estos son algunos de ellos:
Le dije que los conservase y me dijo que no, que ahora deberían vivir por su cuenta, eché una carcajada y se los quité. Nos hicimos muy amigos en apenas una mañana, no tenía aspecto de tener muchos amigos y que los dioses me destruyan si miento cuando digo que yo no tenía ninguno... Fue la mejor mañana que hasta entonces había vivido y todo gracias a que un niño curioso me preguntó cuál era mi historia. ¿Cuál es mi historia? A veces me gustaría escribir que no me mordí el labio y que no miré hacia otro lado... pero esa es mi historia. ¿Cuál es mi historia? Ahora sonrío, mi corazón se llena de nostalgia y mis pasos, diarios, recuerdos, amistades y actos me sacan lágrimas a abrazos, los más sinceros abrazos del mundo mundial.
Cuál es mi historia... Al final no importa cuál es, no importa si es alegre, triste, sádica, trepidante, variada o monótona... Creo que lo que importa al final no es cuál es esa historia si no lo que hagas hoy con ella.
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domingo, 12 de mayo de 2013
Mapas de estrellas
¿Crees en la eternidad? ¿En el destino? ¿Cómo puedes hacerlo?
Improbable.
Eso me dijo ella la última vez que la vi, no podría ser una mejor respuesta de alguien como ella. Cierto es que tiene su parte de razón, ¿quién podría creer en la eternidad de las cosas? ¿En la eternidad de un nombre? ¿En la eternidad de una acción? ¿Quién podría creer en la eternidad del amor?
Si a mí me preguntas... Tengo tu nombre, tu quién, y es una respuesta la mar de sencilla he de decir: nadie. Nadie puede creer en la eternidad, porque quien dice creer se equivoca, no lo cree. Lo Sabe.
Son esas cosas de las que el ser humano no es capaz de escapar, no del todo, porque está encima de su control. El destino no es más que una ilusión, el destino está marcado en todas las estrellas que hemos pisado, y son muchas. Guiarse por ellas no es ningún error porque tú mismo las pusiste ahí.
El viejo Zarf lo sabía muy bien. Era un esclavo de las tierras del norte, mucho después de la caída de todas las civilizaciones hoy existentes, fue después de la guerra entre los progenitores y los influyentes y un poco antes del cuarto resurgimiento que ellos llamarían primero. ¿Cuándo, preguntas? Tranquilo, no vivirás para conocer al viejo Zarf.
Tienes que saber que todas las realidades del hombre, del espacio y del universo están ligadas a una cosa: la naturaleza y ella trabaja con patrones, patrones invisibles al hombre, patrones preciosos para lo inmortal. Los sueños, los deseos, los destinos y las estrellas no son más que patrones, repitiéndose una y otra vez a lo largo del espacio y del tiempo. Traen alegría, traen tristeza y a veces traen caramelos. Las liebres correrán por el monte y por el mar las sardinas y... Tra. La. Rá.
Este tipo
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Improbable.
Eso me dijo ella la última vez que la vi, no podría ser una mejor respuesta de alguien como ella. Cierto es que tiene su parte de razón, ¿quién podría creer en la eternidad de las cosas? ¿En la eternidad de un nombre? ¿En la eternidad de una acción? ¿Quién podría creer en la eternidad del amor?
Si a mí me preguntas... Tengo tu nombre, tu quién, y es una respuesta la mar de sencilla he de decir: nadie. Nadie puede creer en la eternidad, porque quien dice creer se equivoca, no lo cree. Lo Sabe.Son esas cosas de las que el ser humano no es capaz de escapar, no del todo, porque está encima de su control. El destino no es más que una ilusión, el destino está marcado en todas las estrellas que hemos pisado, y son muchas. Guiarse por ellas no es ningún error porque tú mismo las pusiste ahí.
El viejo Zarf lo sabía muy bien. Era un esclavo de las tierras del norte, mucho después de la caída de todas las civilizaciones hoy existentes, fue después de la guerra entre los progenitores y los influyentes y un poco antes del cuarto resurgimiento que ellos llamarían primero. ¿Cuándo, preguntas? Tranquilo, no vivirás para conocer al viejo Zarf.
Tienes que saber que todas las realidades del hombre, del espacio y del universo están ligadas a una cosa: la naturaleza y ella trabaja con patrones, patrones invisibles al hombre, patrones preciosos para lo inmortal. Los sueños, los deseos, los destinos y las estrellas no son más que patrones, repitiéndose una y otra vez a lo largo del espacio y del tiempo. Traen alegría, traen tristeza y a veces traen caramelos. Las liebres correrán por el monte y por el mar las sardinas y... Tra. La. Rá.
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domingo, 21 de abril de 2013
Carta a un idiota que vive en donde pone mi buzón
Historias, cortas y largas. Todas tienen una mayúscula al principio y un punto al final siempre que sean historias reales, o inventadas o quizá incluso ficticias. ¡Pero todas son historias! ¿En un mundo al revés empezarían por un punto? ¿Quién sabe? ¡Hay tantas cosas que no sé! ¿Cuántos bigotes tiene una morsa? ¿Cuál es el teléfono de una mancha solar? ¿Cuántos años tarda una flor en ser alguien en la vida de una adolescente? ¿Cuántas últimas páginas tiene un libro? ¿Cuántos jugadores de ajedrez juegan a las damas a escondidas? ¿Y cuántas estrellas te miran a ti y cuántas me miran a mí?
Preguntas raras, preguntas absurdas, no llevan a ningún sitio, ¿o tal vez sí? Son como una galaxia, toda una nube de esferas brillantes listas para dar calor y hogar a cientos de miles de millones de billones de seres, ¡e incluso más! ¿Estas galaxias son como las preguntas absurdas? ¡Claro! Ambas son una niebla espesa de cosas solitarias sin aparente conexión que se mueven en sinfonías siderales, cosas y cosas y montones de cosas, como los desvanes que nunca se ordenan... pero a veces encontramos exactamente lo que buscamos, ¡son tan grandes! Es frenético darse cuenta de la grandeza que se esconde en preguntas como ¿a qué sabe el helado de teléfono verde? ¿No te has dado cuenta aún? ¡Claro que no! ¿Quién podría? Alguien con tiempo, eso seguro, pero ¿quién lo tiene hoy en día? Nadie. Quizá un viajero, pero no un viajero del tiempo eso desde luego. ¿Por qué? Porque se pierde mucho tiempo viajando en el tiempo, todo el tiempo viajando de este tiempo a este sin pensar qué tiempo va a hacer, así siempre vas cargado con un paraguas y ¡oh! Un reloj de bolsillo, por supuesto.
Me voy por las ramas, mis disculpas. ¡Un viajero tiene tiempo sin duda! Porque viajar por el espacio, y créame cuando le cuento esto, viajar por el espacio es una gran pérdida de tiempo, el cual puede mantener ocupado dándole una revista, un vídeo musical, un videojuego o un libro de Kafka. Está bien, eso último no, les aburriría un poco y les distraería de su tarea que planteé al principio: descubrir la grandeza de las preguntas absurdas. ¿Por qué no decimos "está mal" en lugar de "está bien"? De pronto la raza humana es optimista, ¿o no? ¡Perdón, perdón!
Si no piense en un café, el café ese que ve cada mañana. ¿Lo ve o sólo lo bebe? Supondré que lo ve también, no me quiero enfadar con usted tan pronto. ¿Ve la espuma? ¿No ve que es una isla barra archipiélago barra península barra continente? ¿Habrá vida? ¿Habrán descubierto la penicilina o cuántos caminos ha de recorrer un hombre? Quizá sean 42 ó 43, más o menos por ahí debe andar la respuesta o eso leí una vez. Creo que era una novela de ficción, quizá no. Quizá que yo lea sea una obra de ficción y que lo que lea sea la realidad. ¡Quizá usted está leyendo la realidad mientras se encuentra en el sueño de otro ser pandimensional e hiperinteligente con capacidad suficiente como para albergar un universo regido por reglas de una física cuyos habitantes no son capaces de comprender atrapándolos en la mayor ironía jamás vista! O quizá esté usted leyendo una pantalla de un aparato electrónico. En tal caso ha usted de saber que cuando vea algo amarillo no es realmente amarillo y su cerebro le está gastando una broma, ninguna pantalla tiene amarillo, el amarillo es el color de los locos y usted no lo está, o quizá no lo está aún. ¿Quién está más loco en un cementerio de topos? Me alejo de la cuestión principal una vez más, me disculpo otra vez. La grandeza de las preguntas absurdas, ¿se dio cuenta ya?
Digo grandeza pero no es importancia, relevancia, jerarquía o impertinencias similares, es por lo grande y basta y gigante e inmensa que es la pregunta. Aunque como todas las botellas, es más estrecha en el final.
Viaje un poco, con su cabeza, se dará cuenta de cosas fascinantes y aunque no aprenda ni entienda nada nuevo, la comprensión del universo es algo que hace que le brillen los ojos a uno. Y quizá, sólo quizá, comprenda por qué hay gente que corre entre la lluvia cuando el sol los acaricia.
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Preguntas raras, preguntas absurdas, no llevan a ningún sitio, ¿o tal vez sí? Son como una galaxia, toda una nube de esferas brillantes listas para dar calor y hogar a cientos de miles de millones de billones de seres, ¡e incluso más! ¿Estas galaxias son como las preguntas absurdas? ¡Claro! Ambas son una niebla espesa de cosas solitarias sin aparente conexión que se mueven en sinfonías siderales, cosas y cosas y montones de cosas, como los desvanes que nunca se ordenan... pero a veces encontramos exactamente lo que buscamos, ¡son tan grandes! Es frenético darse cuenta de la grandeza que se esconde en preguntas como ¿a qué sabe el helado de teléfono verde? ¿No te has dado cuenta aún? ¡Claro que no! ¿Quién podría? Alguien con tiempo, eso seguro, pero ¿quién lo tiene hoy en día? Nadie. Quizá un viajero, pero no un viajero del tiempo eso desde luego. ¿Por qué? Porque se pierde mucho tiempo viajando en el tiempo, todo el tiempo viajando de este tiempo a este sin pensar qué tiempo va a hacer, así siempre vas cargado con un paraguas y ¡oh! Un reloj de bolsillo, por supuesto.
Me voy por las ramas, mis disculpas. ¡Un viajero tiene tiempo sin duda! Porque viajar por el espacio, y créame cuando le cuento esto, viajar por el espacio es una gran pérdida de tiempo, el cual puede mantener ocupado dándole una revista, un vídeo musical, un videojuego o un libro de Kafka. Está bien, eso último no, les aburriría un poco y les distraería de su tarea que planteé al principio: descubrir la grandeza de las preguntas absurdas. ¿Por qué no decimos "está mal" en lugar de "está bien"? De pronto la raza humana es optimista, ¿o no? ¡Perdón, perdón!
Si no piense en un café, el café ese que ve cada mañana. ¿Lo ve o sólo lo bebe? Supondré que lo ve también, no me quiero enfadar con usted tan pronto. ¿Ve la espuma? ¿No ve que es una isla barra archipiélago barra península barra continente? ¿Habrá vida? ¿Habrán descubierto la penicilina o cuántos caminos ha de recorrer un hombre? Quizá sean 42 ó 43, más o menos por ahí debe andar la respuesta o eso leí una vez. Creo que era una novela de ficción, quizá no. Quizá que yo lea sea una obra de ficción y que lo que lea sea la realidad. ¡Quizá usted está leyendo la realidad mientras se encuentra en el sueño de otro ser pandimensional e hiperinteligente con capacidad suficiente como para albergar un universo regido por reglas de una física cuyos habitantes no son capaces de comprender atrapándolos en la mayor ironía jamás vista! O quizá esté usted leyendo una pantalla de un aparato electrónico. En tal caso ha usted de saber que cuando vea algo amarillo no es realmente amarillo y su cerebro le está gastando una broma, ninguna pantalla tiene amarillo, el amarillo es el color de los locos y usted no lo está, o quizá no lo está aún. ¿Quién está más loco en un cementerio de topos? Me alejo de la cuestión principal una vez más, me disculpo otra vez. La grandeza de las preguntas absurdas, ¿se dio cuenta ya?
Digo grandeza pero no es importancia, relevancia, jerarquía o impertinencias similares, es por lo grande y basta y gigante e inmensa que es la pregunta. Aunque como todas las botellas, es más estrecha en el final.
Viaje un poco, con su cabeza, se dará cuenta de cosas fascinantes y aunque no aprenda ni entienda nada nuevo, la comprensión del universo es algo que hace que le brillen los ojos a uno. Y quizá, sólo quizá, comprenda por qué hay gente que corre entre la lluvia cuando el sol los acaricia.
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sábado, 30 de marzo de 2013
Reuniones de aciagos
Pensad en el fondo de las salas, donde están los que están desde el principio y nadie recuerda. Como el principio de una historia de ficción, nunca se cuenta, son respuestas embotelladas en alguien, nadie las quiere conocer porque de hacerlo dejarían de jugar. ¿Y él qué? ¿Él no juega? Quizá su existencia sea la más aciaga... es solitaria, es extraña y, sobre todo, frustrante pues a pesar de todo él también quiere jugar y es mucho más complicado y doloroso negarse a uno mismo que negar a otro que no eres tú. ¿Y si todos esos seres del final de las salas se reuniesen? ¿Lo hacen? Me contaron que sí. Pero no creo que lo pudiesen hacer en una sala, el final de las salas es muy pequeño para albergarlos, están acostumbradas a albergar sólo a uno y no van a cambiar, son muy ariscas. Por eso el ponche no se pone en ellas.
¿Dónde se pueden reunir entonces? Me propuse investigarlo, no puedes seguir a uno hasta allí, es el primero en llegar y claro, el último en irse, como la realidad o un abrazo de despedida. Debía deducirlo. Pensé en los bosques pero lo descarté rápido, los bosques tienen sus propios secretos y no admiten más. Quizá en un desierto, pero no tienen ninguna referencia y no se podrían encontrar por casualidad, no lo pueden planear, sería absurdo planear la reunión de las respuestas. Pensé que sólo se podrían reunir gracias a una pregunta... No conozco preguntas, me las suelen hacer, nunca las forjé yo.
Conozco a cuenta cuentos, ellos podrían ayudarme, forjan preguntas con sus yunques de papel. Esto suponía aún otro reto más, los cuenta cuentos no viven en direcciones, casas, cuevas o refugios, tenía que encontrarlos o quizá convocar uno. Cuando uno es niño puede hacer tantas cosas que de relatarlas gastarías el tiempo suficiente como para dejar de ser niño. Es de noche y dibujo un círculo en la hierba donde la Luna alumbra, abro un libro y lo leo en alto. Cuando acabo tengo mi pregunta.
¿Por qué hay porqués?
Allí es donde se reunirían, en el final y el principio de las cuestiones. Debía corroborar lo que me contaron y ya de paso disfrutarlo que nunca viene mal. Era mediodía y todos andaban, creo que nunca lo dejan de hacer, se encontraron todos donde yo adiviné, se miraron a los ojos sabiendo exactamente qué era cada uno y qué sabía. Se ignoraron y se fueron...
Un poco decepcionante la verdad, pensaba que darían una respuesta, pero claro... a veces no me escucho y esto lo podía haber visto venir.
Supongo que seamos lo que seamos, jugar nunca deja de ser divertido.
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domingo, 17 de marzo de 2013
El chico sin Sol
Los comienzos suelen ser difíciles de escoger y más de elegir. Los matices son importantes me dijo un amigo. "¡Los pasos bien firmes y echa a correr!". Tenía siempre una tremenda ilusión en la mirada... a pesar de ser alérgico al Sol. Tiene muy buenos recuerdos de su infancia. Su principio no lo escogió él, no el primero, como tampoco escogió el último.
El niño raro que no podía salir a jugar, el niño del paraguas negro cuando hacía sol. Ese era él. Ojeras, pálido, ojos del color de un río en primavera y un chubasquero fucsia.
A él no le importaba, nadie se metía con él porque apenas salía de casa, vivía sus pequeñas aventuras como todos los niños, esos momentos de no estar con nadie salvo con uno mismo, descubriendo, descubriendo el mundo en el que estás. A veces soñaba con salir a fuera, otras veces estaba entretenido imaginando que su bañera eran los Siete Mares y su barquito de plástico era el buque insignia de la mayor armada jamás vista, la única tripulación que se atrevió a ir a buscar al todopoderoso kraken de los mares del sur...
Los niños se relacionan entre ellos, con sus padres, con los parques y ciudades, con las piedras, el agua, el aire, los movimientos y al final con su misma soledad. Este chico sólo tuvo lo último y un niño se cansa más tarde o más temprano... Estaba harto de su casa, de la oscuridad en la que tenía que vivir siempre. Hasta un niño puede ser un inconsciente. Cogió su paraguas, se calzó sus botas de lluvia, se puso su chubasquero fucsia para niños y se dispuso como un pequeño aventurero delante de la puerta de su recibidor. Manoseó el manillar como pudo ya que apenas llegaba cuando para su sorpresa la puerta se abrió ante él y cayó al suelo. El sol y el golpe le cegaban pero adivinó tres figuras, dos se reían entre ellas y la tercera más pequeña se sorprendió y se tiró encima suya, parpadeó un par de veces y vio una chica de pelo castaño, coletas, sonriente y con muchas pecas que le abrazaba. El chico no había salido de su estupor cuando su madre le presentó a sus nuevas vecinas.
Para cuando se quiso dar cuenta, su vecina era su mejor amiga, pasaban los días juntos y aunque seguían dentro de su casa a él no le importaba más, tenía una compañera de aventuras, era todo lo que quería. Su amiga le enseñó cómo encender la chimenea de su casa y por fin disfrutar de la disparidad de la luz y la sombra. Mundos nuevos para un niño. Nuevas realidades y posibilidades. ¿De qué? ¿A quién le importa? Ella le hablaba constantemente del fuego y lo hipnótico que es... de que su aroma es único, su color es vibrante como un corazón repleto de vida, su sonido chispea, su calor abraza y su recuerdo acaricia...
Maravillosas danzas se movían melodiosamente en los ojos de una niña mirando el fuego. A él también le encantaba, quizá no tanto, pero adoraba quemar papeles cuando su madre no miraba, verlos retorcerse, hacerse cenizas y volar. "¿A dónde va todo? ¡Ahí a fuera!" Era perfecto, "la salida por la puerta grande", se decían.
El tiempo pasó y los lazos se estrecharon, apenas pasaba un día sin que uno tuviese noticia del otro, eran ya chicos grandes, casi adolescentes, y el chico ahora salía más a la calle, siempre con su paraguas y su chubasquero. Ahora trepaba a los árboles, se caía en el barro, encontraba tesoros en los descampados como tuberías o chapas de botellas. "Aventuras de las de verdad", me contaba con ojos encharcados en destellos.
El destino es predecible, las obsesiones a veces no son controlables, y los caminos inescrutables. La casa de su vecina ardió. Él no quiso saber la causa. Aquella noche fue de lluvia y lágrimas. Los llantos se escuchaban desde su salón y para cuando entró en sí después del shock la ambulancia no estaba, unos pocos bomberos quedaban asegurando el terreno y los vecinos se habían dispersado, tan sólo quedaba él en la calle... con su chubasquero fucsia... balbuceando imposibilidades...
Pasó el tiempo y aunque lo superó no volvió a ser el mismo. Ahora ya cogía el autobús, tenía más amigos, frecuentaba locales de tarde, montaba en bici, salía sonriendo los días de poco sol y mucha nube... una vida "normal", donde ya no hay aventuras y hay cotidianidad, momentos, acontecimientos, hechos, historias, anécdotas y toda esa clase de cosas que un niño trata como nimiedades. Dando un paseo se chocó con una mujer en una esquina, ambos se disculparon; muy educadamente además. Al despedirse ella le dijo "No dejes de soñar, el fuego nunca se apaga". Él me decía con la voz y la cara que pone la gente cuando cuenta algo milagroso pero no quiere que le llamen loco que esa mujer, no sabía cómo, sabía que era su amiga, pero era mucho más mayor que él, "¡edad de tener marido e incluso hijos!" Me decía sorprendiéndose él mismo a medida que lo contaba.
Llegó un momento en el que tuvo que marcharse de la ciudad, por motivos familiares, no incidió mucho en ello, y él que tenía que abandonar todo lo que ya era suyo y normal, se sentaba en los columpios de su patio de atrás, con su chubasquero fucsia. Mirando al suelo, "casi cliché" me dijo. Una señora mayor de apariencia muy amable y con pecas se sentó en el columpio de al lado, "¿Qué te pasa, cielo?", le dijo. Hay momentos en los que uno no le importa con quién habla sólo lo que está diciendo, este fue uno... le contó que ya no tenía esperanzas de nada, sólo le comprendieron una vez en su vida y esa persona falleció ya hace unos años, le contó que nunca tendría una vida normal por su enfermedad, le contó que apenas podía vivir, le contó que sonreír era cada vez más difícil... La señora se sonrío y le dio un papel con los bordes quemados, en él había un corazón pintado con ceras de colores, "Te dije que nunca dejarás de soñar, tontín", a él se le iluminaron los ojos pero negaba una y otra vez con la cabeza, pegó un salto, "¡¿Quién es usted?!" "La mujer que fundó una grandiosa empresa de chubasqueros, ¿qué te crees?"
A él no le salían palabras, era todo tan... confuso. "Pequeño, el tiempo vuela, y cuando te quieres dar cuenta has cumplido todos tus sueños y ya no queda nada, ¿verdad? ¡Pues no! Cuando ya no hay nada más que soñar, cuando la esperanza se apaga y la llama deja de crepitar, ¡sólo se puede hacer una cosa! ¡Seguir soñando!" Ella comenzó a reír con los brazos en alto. "¡No lo olvides o me enfadaré de verdad!" Le guió un ojo, se levantó y se fue.
Él... se quedó mirando a su café un rato, como si hubiese hecho una catarsis muy fuerte... No podía creérselo aún, ¿quién podría? Este chico, ahora ya un joven adulto, es de esas personas que siempre te sacan una sonrisa, se ha cruzado Europa en globo, actúa en varios teatros y hace muchísimo más, siempre dando lo mejor de sí. Es impresionante y... realmente vive sus sueños...
Historias raras que consigo que me cuenten gente anónima en la cafetería de un aeropuerto, pero, sí, esa señora, fuere quien fuere, tenía la razón. ¿Por qué dejar de soñar si siempre se puede soñar más? No dejes de hacerlo tú, a ti ella no te conoce y no se puede enfadar contigo, pero yo sí. No dejes de soñar nunca.
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El niño raro que no podía salir a jugar, el niño del paraguas negro cuando hacía sol. Ese era él. Ojeras, pálido, ojos del color de un río en primavera y un chubasquero fucsia.
Los niños se relacionan entre ellos, con sus padres, con los parques y ciudades, con las piedras, el agua, el aire, los movimientos y al final con su misma soledad. Este chico sólo tuvo lo último y un niño se cansa más tarde o más temprano... Estaba harto de su casa, de la oscuridad en la que tenía que vivir siempre. Hasta un niño puede ser un inconsciente. Cogió su paraguas, se calzó sus botas de lluvia, se puso su chubasquero fucsia para niños y se dispuso como un pequeño aventurero delante de la puerta de su recibidor. Manoseó el manillar como pudo ya que apenas llegaba cuando para su sorpresa la puerta se abrió ante él y cayó al suelo. El sol y el golpe le cegaban pero adivinó tres figuras, dos se reían entre ellas y la tercera más pequeña se sorprendió y se tiró encima suya, parpadeó un par de veces y vio una chica de pelo castaño, coletas, sonriente y con muchas pecas que le abrazaba. El chico no había salido de su estupor cuando su madre le presentó a sus nuevas vecinas.
Para cuando se quiso dar cuenta, su vecina era su mejor amiga, pasaban los días juntos y aunque seguían dentro de su casa a él no le importaba más, tenía una compañera de aventuras, era todo lo que quería. Su amiga le enseñó cómo encender la chimenea de su casa y por fin disfrutar de la disparidad de la luz y la sombra. Mundos nuevos para un niño. Nuevas realidades y posibilidades. ¿De qué? ¿A quién le importa? Ella le hablaba constantemente del fuego y lo hipnótico que es... de que su aroma es único, su color es vibrante como un corazón repleto de vida, su sonido chispea, su calor abraza y su recuerdo acaricia...
El tiempo pasó y los lazos se estrecharon, apenas pasaba un día sin que uno tuviese noticia del otro, eran ya chicos grandes, casi adolescentes, y el chico ahora salía más a la calle, siempre con su paraguas y su chubasquero. Ahora trepaba a los árboles, se caía en el barro, encontraba tesoros en los descampados como tuberías o chapas de botellas. "Aventuras de las de verdad", me contaba con ojos encharcados en destellos.
El destino es predecible, las obsesiones a veces no son controlables, y los caminos inescrutables. La casa de su vecina ardió. Él no quiso saber la causa. Aquella noche fue de lluvia y lágrimas. Los llantos se escuchaban desde su salón y para cuando entró en sí después del shock la ambulancia no estaba, unos pocos bomberos quedaban asegurando el terreno y los vecinos se habían dispersado, tan sólo quedaba él en la calle... con su chubasquero fucsia... balbuceando imposibilidades...
Pasó el tiempo y aunque lo superó no volvió a ser el mismo. Ahora ya cogía el autobús, tenía más amigos, frecuentaba locales de tarde, montaba en bici, salía sonriendo los días de poco sol y mucha nube... una vida "normal", donde ya no hay aventuras y hay cotidianidad, momentos, acontecimientos, hechos, historias, anécdotas y toda esa clase de cosas que un niño trata como nimiedades. Dando un paseo se chocó con una mujer en una esquina, ambos se disculparon; muy educadamente además. Al despedirse ella le dijo "No dejes de soñar, el fuego nunca se apaga". Él me decía con la voz y la cara que pone la gente cuando cuenta algo milagroso pero no quiere que le llamen loco que esa mujer, no sabía cómo, sabía que era su amiga, pero era mucho más mayor que él, "¡edad de tener marido e incluso hijos!" Me decía sorprendiéndose él mismo a medida que lo contaba.
Llegó un momento en el que tuvo que marcharse de la ciudad, por motivos familiares, no incidió mucho en ello, y él que tenía que abandonar todo lo que ya era suyo y normal, se sentaba en los columpios de su patio de atrás, con su chubasquero fucsia. Mirando al suelo, "casi cliché" me dijo. Una señora mayor de apariencia muy amable y con pecas se sentó en el columpio de al lado, "¿Qué te pasa, cielo?", le dijo. Hay momentos en los que uno no le importa con quién habla sólo lo que está diciendo, este fue uno... le contó que ya no tenía esperanzas de nada, sólo le comprendieron una vez en su vida y esa persona falleció ya hace unos años, le contó que nunca tendría una vida normal por su enfermedad, le contó que apenas podía vivir, le contó que sonreír era cada vez más difícil... La señora se sonrío y le dio un papel con los bordes quemados, en él había un corazón pintado con ceras de colores, "Te dije que nunca dejarás de soñar, tontín", a él se le iluminaron los ojos pero negaba una y otra vez con la cabeza, pegó un salto, "¡¿Quién es usted?!" "La mujer que fundó una grandiosa empresa de chubasqueros, ¿qué te crees?"
Él... se quedó mirando a su café un rato, como si hubiese hecho una catarsis muy fuerte... No podía creérselo aún, ¿quién podría? Este chico, ahora ya un joven adulto, es de esas personas que siempre te sacan una sonrisa, se ha cruzado Europa en globo, actúa en varios teatros y hace muchísimo más, siempre dando lo mejor de sí. Es impresionante y... realmente vive sus sueños...
Historias raras que consigo que me cuenten gente anónima en la cafetería de un aeropuerto, pero, sí, esa señora, fuere quien fuere, tenía la razón. ¿Por qué dejar de soñar si siempre se puede soñar más? No dejes de hacerlo tú, a ti ella no te conoce y no se puede enfadar contigo, pero yo sí. No dejes de soñar nunca.
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miércoles, 26 de diciembre de 2012
Diario de un Idiota III
11/11/97
Quería escribir hoy por el día que es.
17/11/97
Mi árbol está siendo un árbol crecidito y le han salido hierbajos al lado que no conozco. Los he arrancado. Quizá fui muy cruel... acabo de jugar con vidas que no son mías y encima con consciencia de lo que hacía, pero si no las hubiese arrancado mi árbol no hubiera crecido.
Ojalá a mi árbol le gusten las albóndigas.
21/11/97
Hoy me visitó alguien. Era un caballero con gabardina y bombín y me gustó mucho el pelo que tenía en la cara, "se llama bigote" me dijo, yo quiero uno de esos. Le preparé albóndigas y me dijo que no le gustaban, le preparé luego almejas y me dijo que tampoco. Me enseñó hacer una tortilla, hecha de huevos "naturalmente" dijo. Era un poco pedante pero también era misterioso.
Le dije que yo no tenía huevos y me dio uno, "caliéntalo durante un tiempo y espera a que se rompa solo".
Ojalá vuelva algún día.
30/11/97
Ha comenzado a nevar cerca del bosque donde talo los árboles que no se quejan. La nieve me encanta, es tan misteriosa... cae del cielo para helar el mundo pero el mismo cielo la derrite. Es como el fallo en el que siempre cae uno.
03/12/97
Mi árbol es todo un árbol ahora. Además no hace falta que lo riegue, resulta que la nieve está hecha de agua. No obstante, estoy preocupado por mi huevo, espero que no esté pasando mucho frío. No sé qué significa "obstante" pero me gusta decirlo. A veces digo cosas que no pienso su significado, alguien me dijo que eran "frases hechas" pero ¿quién las hace? ¿Y para qué? ¿Para que no volvamos a pensar su significado y nos fiemos de lo que dicen? Las palabras son raras.
10/12/97
Me encantan estas noches de invierno. Me tomo un café calentito, me siento con una manta y veo como los cristales de hielo se forman en mi ventana, las gotas están todo el año pero los cristalitos sólo en esta época, tengo menos tiempo para disfrutarlos. Aunque si lo piensas, disfrutar de ellos porque sean efímeros hace que lo que no lo sea no lo disfrutes y, claro, nadie hace caso a lo eterno luego.
También hice nubes de azúcar con el fuego de mi chimenea, estaban riquísimas.
21/12/97
Justo cuando pensaba que lo había hecho todo mal escuché unos sonidos desde el huevo y encontré un pájaro que lo había roto y resulta que estaba vacío. ¡El hombre del bigote me había engañado! O quizá no supe proteger bien mi huevo de posibles pájaros amarillos pequeños.
Aún siendo el asesino de mi huevo y no sintiendo mucha simpatía por él se ha quedado a vivir en mi casa. A mi no me hace gracia, pero se ve que a él le entusiasma la idea, un día le prepararé albóndigas con almejas, se va a enterar de lo que vale un peine.
Las frases hechas son todas absurdas, ¿no te parece?
31/12/97
Hoy es final de ciclo, mañana comienza uno nuevo. ¿Quién sería el genio que propuso que el cambio fuese estático? Así te puedes preparar y no te pilla de sopetón, por eso la gente no le tiene miedo al fin de año, lo espera con ilusión.
Luego pasa, que son las cuatro de la tarde de un martes cualquiera y de pronto ¡pluf! Se produce un cambio en tu vida. A nadie le gusta que le cambien todo lo que ya sabía porque le hace sentir inservible e irrelevante y creo que todos queremos ser algo en algún sitio... no ser una brisa olvidable.
Yo mismo
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martes, 25 de diciembre de 2012
Diario de un Idiota II
27/08/97
No encuentro respuesta para el suelo húmedo pero el parqué va de mil maravillas. Hoy fue extraño, porque soñé y soñé que estaba con todo lo que yo había creado, a mi alrededor, me decían "hola" y me decían "te quiero" pero nunca estuve tan solo. Fue una pesadilla, creo.
En fin, el café de hoy le puse leche merengada, no me gustó. Vaya día.
04/09/97
Cociné unas albóndigas. Con patatas.
06/09/97
Al deshollinar la chimenea vi que se habían caído unos ladrillos. La deshollino cada semana, no había visto algo igual nunca. Resulta que tenían ratones dentro, me llevé un susto mayúsculo y los solté al caerme de la escalera. Me llevé un buen golpe.
Creo que no los tenía que haber dejado ir, ahora me siento tan solo... pero no me voy a autocompadecer en MI diario, sería lo más tonto del mundo. No soy tonto. O eso creo de mí mismo.
13/09/97
Aprendí a cocinar almejas, estoy cerca de una playa no sé cómo no se me había ocurrido antes. Están muy buenas aunque un mirlo me aconsejó echarles sal. Ya probaré.
Me siento completamente realizado, ya sé preparar tres cosas en la cocina. Aunque sólo las pueda comer yo.
Empecé a regar el jardín, en un libro leí que salen flores.
18/09/97
En mi jardín no crece nada salvo hierbajos así que planté un arbolito. Creo que es un pino y también creo que es piñonero.
20/09/97
¡Me volvió a visitar el mirlo! Le di de mis almejas y me dijo que le encantaron, fue agradable compartir, no suelo tener con quien compartir. No sé si me agradó por ser diferente o porque compartir es agradable.
13/10/97
Hace mucho que no he vuelto a ver al mirlo. Espero que esté bien.
Hoy preparé albóndigas con almejas, no salió muy bien el experimento. Estoy deprimido, creo.
20/10/97
El mirlo no va a volver. Lo sé...
Esto a veces me recuerda a mi sueño...
He talado un par de árboles, no se quejaron, vuelven a crecer. Estoy construyendo un nido para pájaros, aunque no sé cómo son. Quizá tenga algún libro sobre ello y pueda estudiarlo. Sería divertido probarlos pero no tengo con quien probarlos y yo no soy un pájaro o eso me dije siempre.
23/10/97
A mi casa para pájaros no viene ningún pájaro, quizá la tengo muy pegada a mi casa y se asustan. Los pájaros son muy desconfiados, no se abren a cualquiera. A veces ni entre ellos. Si encuentras un pájaro que se conoce enteramente a sí mismo y encima lo enseña es que no tiene nada que enseñar y es más simple que un plato de albóndigas.
Creo que mi árbol está creciendo.
Yo mismo
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domingo, 23 de diciembre de 2012
Diario de un Idiota I
13/04/97
Ya no me quedan autores. Se han ido o se han ido de viaje. A veces se quedan a tomar el té, pero sólo tengo café. Me quedo mirando las gotas en la ventana, sí, sé que no llueve, pero hay gotas.
Este lugar es muy húmedo y humilde y aún así tenemos gotas en las ventanas. No todo el mundo las tiene, son como únicas, perlas en el mar. El café también está muy bueno, no sé de dónde es pero me lo traen semanalmente así que tengo que racionarlo bien, a veces no me queda a mediados de semana.
No suelen visitarme ya. Creo que yo mismo me lo busqué.
16/05/97
Estas entradas se me olvida que las hago. Son como páginas sin tiempo, de hecho no sé ni por qué pongo un número encima de cada una, no dice nada en realidad, sólo un tiempo... son cosas serias imagino, esas cosas con las que el mundo tiene que tener para que siga girando. No me preocupan, las pongo por vosotros, seáis quiénes seáis.
Al café ya no le echo azúcar, creo que me hago mayor, a veces lo pienso pero luego pienso en que no me preocupan los números de estas entradas.
Caerán estrellas fugaces esta noche, dicen que hay que pedir un deseo pero no en alto porque si no, no se cumple, pero es mentira... hay que pedirlo sin que nadie más lo escuche. A veces ni tú mismo. Me lo dijo una señora mayor, los señores mayores saben mucho, a veces viene bien escucharlos.
26/05/97
Ya es por la tarde y aún no me he tomado el café.
Hoy vi crecer la hierba, jamás pensé que fuera tan emocionante, he cogido un poco y me la he llevado a casa. No es que la quisiese a ella, no me gusta robar(ni delinquir en general), creo que lo que quería tener era un secreto, para guardarlo de, no sé, alguien.
Puse un ladrillo morado en el jardín. No sé para qué lo usaré pero es bonito.
28/05/97
Talé dos árboles hoy, quería la madera, estoy construyéndome un estudio en el jardín. Las baldosas serán moradas. No sé qué voy a estudiar allí pero la idea me entusiasma, en mi pequeña casita no puedo estudiar las gotas de agua de las ventanas sólo verlas. A veces creo que no me hace falta más.
También me visitó una señorita, muy simpática. Me dio unas galletas, ahora tengo con qué acompañar el café. Creo que no tenía ojos que mirasen, me dio esa sensación, llevaba gafas muy oscuras.
14/07/97
Después de estudiar la humedad ambiente me he dado cuenta que las gotas de agua en mi ventana no tienen ningún misterio, por eso en el estudio ya no tengo cristales en las ventanas.
07/08/97
Esta semana no me han traído café. Me acordé que tenía unas flores secas que me trajo un señor moreno, me dijo que me las tomase en caso de emergencia, en caso de que no tuviera café imagino. Calenté agua y las metí en el agua, luego usé la tetera de la mujer del pelo rojo y vi en mi taza un líquido del color de los rubíes y la sangre. Sabía a tienda de campaña de terciopelo granate en el desierto. Gran mejunje, sí señor.
Desde mi casa las gotas de la ventana no han perdido la magia que tenían. Imagino que las hice mías o quizá fue al revés.
A veces las cosas son lo contrario de lo que parecen y a veces no somos los protagonistas aunque no lo queremos admitir ni saber, porque pierde la magia y el interés si no salimos nosotros.
23/08/97
Cambié el suelo de mi casa, ahora es algo que se llama parqué, es calentito. No hay tanta humedad como antes pero mi suelo viejo estaba húmedo. Creo que debería estudiar eso.
Yo mismo
Fragmento del diario de un idiota
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