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viernes, 17 de junio de 2016

Hay gente que lleva muchos años levantándose por la mañana

Desde las cinco de la mañana está despierto. Desde las seis de la mañana está levantado y listo para el día que le toque. Es apenas una horita, pero le da la vida. Es la mejor hora del día. ¿Por qué no va a ser la primera hora la mejor? Quizá es que su vida no le gusta, pero esta hora le ayuda a seguir adelante. Quizá soñando con un mejor futuro. Quizá con la esperanza de que algo bueno le ocurra.
Tampoco piensa mucho en eso, a él le gusta su horita de por la mañana. Que no se la quiten.

A veces es jodida, claro. No todo lo bueno es siempre y para siempre, a veces cuesta. A veces incluso puede estropearle el día. Pero él se despierta para esa hora, sea tan buena como sea, sabe que será más interesante que el resto del día.
¿Que qué hace? Lo típico. Se levanta, va al baño, se mira en el espejo y, claro, a veces no le gusta lo que ve. Otras veces ha dormido bien y se sonríe a pesar de que no le guste que la edad le deje marcas en su cara. Tampoco puede hacer nada contra el tiempo, lo ha intentado. Trescientos años son muchos para cualquiera. No me rendiré, se dice para darse ánimos.
Se echa espuma de afeitar y se deja liso y suave. Poco sospechoso. Elegante y limpio. Pulcro. Se peina las canas y se acicala los pelos que aún tiene negros. Vuelve a sonreírse para lavarse los dientes. Es un ritual largo, pero le gusta. Le da una cierta tranquilidad tener esa hora para tomarse las cosas más tontas con calma.

Va hacia la cocina, el piso no es grande y llega enseguida. Está algo sucia, no suele tener tiempo para limpiar. Recoge los cacharros de la cena con total cuidado y mimo. Siempre se dice que esta noche los recogerá para no recogerlos mañana por la mañana. Pondera contratar a alguien para que limpie aunque sea el baño y la cocina que son los sitios más engorrosos de la casa. Pero tampoco quiere nadie entre en casa.
Se prepara un desayuno, suele ser ligero, tampoco quiere cargarse. Tampoco tiene tiempo para algo elaborado. No le importa. No es exigente.

Vuelve a su cuarto a vestirse. Tiene un buen armario aunque su casa sea humilde. Si te va la vida en ello, cuidas tu imagen, es natural. Camisa, chaleco apretado, americana y pantalones con raya. Tiene otro espejo en su cuarto, claro. Su sonrisa aquí se vuelve arrogante, ya sabes, la de alguien que cree saber muy bien lo que hace y que lo que hace es lo mejor que podría hacerse. Cuando se ajusta los gemelos lo hace con cuidado y delicadeza, quizá lo más delicado que haga durante todo el día. Cada cosa tiene su manera de hacerse, piensa para sí. No hay que tener prisa, no hay que correr con las cosas importantes. Y practica diferentes expresiones para parecer más vivo, quizá más humano.

Vuelve a sonar el despertador. Son las seis. Lo mira con despecho, el despecho de cada mañana. Es hora de irse, siempre tiene miedo a oxidarse un día, pero ese día nunca llega. Quizá nunca llegue. Se ajusta las pupilas, se afina las cuerdas vocales. Coge el abrigo, el sombrero y mira que el reloj de su muñeca esté en hora.
Es hora de irse.
Se despide de su hora.
Es hora de no mirar atrás.

Hasta mañana, claro.



Historias Irrelevantes

miércoles, 21 de octubre de 2015

Diálogo entre dos ilusos

-Estoy por colgar carteles que digan "¡Quiero alguien que sea mi amigx para levantar una bandera pirata y vivir aventuras!" por la calle. Eso es lo que realmente quiero. Poder escaparme con alguien a sufrir calamidades y reírnos mojados por una tormenta.
-Pero a todos nos gusta empaparnos. Buscas algo más que eso.
-¡Qué va! Nadie quiere tener la tenacidad y ser tan consecuente como un pirata. Nadie quiere darse a la nada y comprometerse a un sueño del infinito y el cielo. Muy arriesgado. Muy tonto. Muy "no sirve para nada".
-Explícate, porfi.
-Quiero un compañerx de aventuras. Alguien comprometido a compartir su tiempo conmigo y yo mi tiempo con el suyo. Alguien dispuesto a mojarse y reírse y descubrir el mundo. Pero teniendo a alguien al lado con quien compartir lo que descubre. Alguien con quien ser libre. Y con el compañerx de aventuras si luego hay sexo pues mira, mejor q mejor. Pero lo principal es la aventura.
-¡Eso es un amigo! ¿Por qué no te vale la gente que ya tienes? A eso me refería con lo de que buscabas algo más.
-¡Pues no tengo amigos! ¡Porque son unos muermos!
-No digas eso y explícamelo, jou. Porque lo que has pintado es lo que a todos nos gustaría hacer.
-Ya tienen problemas. O quieren aprobar. O quieren mantener su vida. O estan ocupados. U ocupados con sus parejas. Y ya... Es muy idealista y bonito y muchos lo dicen.
-Joder, no a todos pero a mucha gente. ¡Y tú que eres un imán de cosas raras tienes que conocer gente así! Tú también quieres todo eso. No deja de ser necesario comer pero no sé, no tiene que ser lo único.
-Conozco a poca gente que le pasen desgracias y las disfrute. Salvo si van conmigo. Y seré un imán pero no conozco a nadie dispuesto a eso conmigo. Con otros sí.
-Es que no sé qué decirte porque es lo que yo quiero, yo y el de al lado y el otro y otro alto porcentaje de gente. Igual es que no distingo de los que lo dicen y los que lo desean. Pero me parece que es un ideal de vida común. Tú te lo tomas como algo que hacer y no por lo que suspirar, pero no puedes ser el único ahí fuera.
-Yo me lo tomo no como ideal ni como sueño. Sino como vida que en cuanto alguien se apunte la hago. Muchos sueñan con lo bohemio, con la vida libre con el viajar y tal. Yo no digo eso. Yo digo a alguien que si descubre que las tostadas con mantequilla y Cola Cao están buenas tenga un impulso de "LAS TOSTADAS CON COLA CAO ESTÁN BUENAS" y no pueda esperar a que las pruebe. Y yo no pueda esperar a que me las dé. Y luego me las dará, le pondré mucho Cola Cao y estornudaré y se me caerá y nos reiremos. O volviendo de yo qué sé dónde coger una desviación por error y acabar en Álava a las cuatro d la mañana y verlo como una oportunidad no una putada.
-Es que te entiendo tan bien que no me puedo creer que tú seas la única persona que has encontrado que lo piense.
-Alguien con quien cada error, tontería y en definitiva lo que hace que la vida sea vivida quiera pasarlo conmigo. No soy la única personq que lo piensa. Pero parezco la única que lo aplica. También lo aplicaba mi amiga argentina que está en... Bueno.  Argentina. Es lo más parecido a una amiga que he tenido.
-Eso es. Que se lo tome en serio. ¿Nadie?
-Pues que se lo tome en serio... Ella. Y ya.
-Piensa en la cantidad de gente que lo piensa y hace como yo. Lo hace a medias y tiene demasiado miedo o lo que sea. Te toparás con alguien. Igual solo hace falta que entres bien en su casa o donde sea para hacerlo aflorar. Encima eres muy contagioso.
-¡Sí que lo soy! Y lo demuestro. Pero siempre soy el chico raro. Para la mayoría soy un tipo que conocen y que es rarito y que se lo pasan bien con él. Con una compañera de trabajo que es pija e irascible estuve dos horas y media en un coche perdidos y sin gasolina. ¡Y lo bien que se lo pasó y el cariño que me ha cogido! Pero nadie se apunta a eso. Con ella pasó porq me llevaba a Alcalá. Pero quedar a vivir lo que la vida depare... Nadie.
-Es que no sé. En a serio. Simplemente me parece tan natural, tus ganas...
-Intento ser lo menos occidental y del siglo XXI posible. Intento ser lo más atemporal, humano y natural posible. Si algo es humano lo ensalzo y celebro.
-Haces muy bien. No sé si para ti o para el mundo, la verdad.
-No vivir una aventura porque "mañana trabajo", "es que hoy estoy muy ocupado", "mira que tiempo hace", etc me parece aberrante. O sea. No me gusta nada anteponer las responsabilidades y compromisos para con la sociedad a las necesidades espirituales del hombre. Igual de aberrante me parece tomarse una infusión para dormir y un café para despertar. ¡Si haces eso es que vives mal! O eso pienso yo. Entiendo que por tus hijos, un evento importante, lo que sea... Te quedes quieto... Pero no descubrir, no crecer, no dedicarte tiempo por compromisos y responsabilidades para con el orden social del que has decidido formar parte sin tener conciencia d la decisión me parece... en palabras del autor de El Principito, "cosas d mayores".
-No lo decides, naces ahí metido.
-Por eso digo. Pero puedes decidir no formar parte. De la máquina económica es más difícil. De la cultura y los mecanismos sociales no tanto. Y lo que me jode es estar tan solo en esto porque me parece lo más natural y para lo que está hecho el hombre.
-Nos atrapó nuestra propia construcción, mala suerte. No podemos salir de esta a gran escala.
-¡Ya! Si no quiero un millón d amigos. Quiero uno. Y lo peor es q soy buenísimo dando estás ideas y cambiando a la gente para que sean ellos mismos y tal y cual. Pero luego se van por ahí con sus amigos. O sea. Los curas no es que hagan voto de castidad... Es que el guía espiritual de una comunidad cumple un papel y ese papel en parte es estar solo. Porque si el chamán tiene chamana le dan por culo a la tribu. Nos vamos a buscar dioses en los ríos y a hablar con los árboles.
-Afortunadamente no tienes comunidad.
-Sí tengo comunidad. Todos tenemos.
-¿De la que ya eres líder espiritual?
-Guía, guía. Me paso el día ayudando a todo el mundo y lo sabes.
-Sí. Pero eso no te hace guía como papel ni mucho menos a ellos comunidad.
-Digamos que entre los sitios donde convivo hay una "comunidad". Y cuando hay problemas de esta índole bien los veo yo o bien me lo dicen. Acabo guiando, aconsejando y ayudando a la comunidad. Porque todos los que tenemos una rutina tenemos una comunidad nos guste más o menos e influimos en ella y tenemos un papel en ella. A mí me dijo una amiga muy cerrada que lo estaba pasando mal. Esto... Estábamos un pelín bebidos fuera de un restaurante porque estaba fatal una tecera amiga y salimos la primera y yo a ver qué pasaba. Luego la otra amiga después de aclararse un poco le preguntó a la primera qué le pasaba a ella. Y dijo que estaba confundida porque yo, que no hemos hablado profundamente nunca, la comprendía mejor que muchos de sus amigos, amigos amigos. Y se replanteaba la amistd con esos chicos. Yo era el más bebido d todos. Sonreía por lo raro de la situación pero no hablaba. La otra amiga le dijo a la primera "Ya. Pero no te preocupes. Es que él comprende a todo el mundo". Y se me encendió una bombilla. O sea. Primero, tenía yo razón. Y segundo, ellos, como comunidad, son conscientes de ello. Fue un momento de esos bonitos
-Ay. Es bonito. Pero no ayuda.
-¡Ya!
Y se echaron a reír

domingo, 4 de octubre de 2015

Se encontró una nota en el frigorífico


"¿Qué fue de soñar con los cafés de la mañana? ¿Y del café? 
¿Dónde has metido la cafetera? No la encuentro. No encuentro nada en esta casa, siento como si no fuera la mía. Como si hubiese aterrizado ayer en un sitio que debería conocer, o al menos así me mira la gente por la calle, como si pudiese hacerme cargo de ello, de todo... de todos. Como si pudiera resolver el nudo que asfixia al mundo. 
En serio. ¿Por qué has escondido la cafetera? 

Antes soñabas. Me acuerdo. Soñabas con irte de aquí, con ver el mundo y traerlo de vuelta a casa. Se te daba bien recoger todo lo que encontrabas, era tu talento. ¿Qué fue de ello? Ya no escribes, ya no viajas, ya no te encuentro en ninguna parte. Como si la persona que eras se hubiese esfumado. Sólo queda un estúpido que camina con el cuerpo de mi amigo. No brillan tus ojos, no te ríes por cualquier cosa, no llegas a casa con gente extraña que necesita un sitio donde dormir. Es como si te diera todo igual. ¿Es eso? ¿Ya no te importa nada? Antes hablabas hasta con las plantas, por amor del cielo, ¿qué ha sido de mi compañero de piso? 
Era divertido quedarse hasta las tantas para acabar una serie y siempre llegabas esa noche a casa cargado de helado. O cuando te daba por lanzar globos con cartas de amor anónimas por el barrio. ¿Y te acuerdas de cuando te disfrazaste de oso de peluche gigante solo para hacer reír a una niña pequeña? ¡Ese era mi compañero de piso! El que soñaba con el café de cada mañana. 

Y, ¿sabes? Tengo miedo de haberte perdido. De que ya sólo seas un fantasma raro en mi memoria. De que llegue el día en el que hable de ti y nadie me crea, ni siquiera tú con tu cara de alelado. 
Me niego a que llegue ese día. ¡Después de todo lo que hemos vivido juntos irte así sin más...! 

Antes te enamorabas mucho. Recuerdo cada vez que llegabas a casa para hablar de tal o cual persona con el entusiasmo de un niño por la Navidad, hablar contigo de lo que amas era como ver fuegos artificiales. Pero ya no. Paseas sin mirar a nadie, en un monotono, apático. 
Te estás convirtiendo en esos a los que tú llamabas "personas mayores", ¿no lo ves? Eras aire fresco, un niño eterno y ahora solo te preocupa tu dinero, la hora que es y cuánto queda para el fin de semana. Da pena, da mucha pena ¡en serio! ¿De verdad que no lo ves? 

Si lo llegas a ver, por favor, vuelve. Y tráete la cafetera.

-Tú."

Le empezaron a temblar las manos, un torrente incontrolable de pensamientos recorrió toda su mente. Incapaz de pensar con claridad se apoyó en la nevera, asfixiado. Todo estaba claro para él ahora y a la vez indescifrable. El pecho le pesaba, los recuerdos fluían, las ideas se desbordaban.
Notó cómo sus ojos comenzaban a humedecerse y llegó a ver cómo caía la primera lágrima al suelo mientras apretaba los dientes.
Tragó.
Apretó los puños.
Clavó sus pies en el suelo.
Salió de la cocina, en silencio. Abrió el armario de la entrada. Sacó la cafetera. La puso sobre la encimera, al lado del frigorífico, y se fue a dormir.
Al lado de la cafetera dejó una nota:

"Lo siento. De verdad que lo siento. 

Ya sabes cómo soy, se me mete algo en la cabeza... no sale ni a patadas. Y tienes razón, te he descuidado, te he descuidado mucho. 
He dejado leche en la nevera para que cuando amanezca tengas leche fría, sé que el café sólo lo tomas con leche fría. Quiero que vuelvas a soñar mirando por la ventana, se te pone una cara muy divertida cuando lo haces. 

Gracias. A veces necesito que vengas y me recuerdes las cosas más obvias del mundo. Es muy fácil perderse en el presente de uno y cuando te quieres dar cuenta estás tan metido en donde no quieres que es imposible salir. Puntos de no retorno. 

¡Y la próxima vez sé más cruel! 

-Tú."




Cartas de un hombre que vive solo.
Historias Irrelevantes.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

Los piratas cogen el autobús los martes


Hay viajes fantásticos, de esos que tus pies no conocen pero la tierra se amolda a ellos como quien recibe a un recién hecho amigo. Salido del horno de un corazón el suelo se acuerda de ti cuando años más tarde vuelves con noticias para el cielo porque puedes gritar que por fin no viajas solo por una tierra que antes no podías compartir. Porque nadie quería tus arenas, desierto, porque no eres el postre de los iluminados, de los jugadores de póquer, de los capitanes pirata que esperan al autobús cada martes a las ocho de la mañana. 
¿A dónde van? Es igual. Nadie lo sabe. Pero, ¿sabes? No todo es tan disparatado. No todo es tan lejano. Quizá tus manos están cerca del sol y por eso te quemas, quizá estás cerca del mar y por eso te ahogas, quizá eres un cactus y por eso te pinchas cuando abrazas fantasmas que no existen o que tan sólo existieron. ¡Eso! El pasado. ¡El pasado ha pasado ya! ¿Por qué haces que pase si ha pasado? Presentes que no son regalos porque los quieres devolver a la tienda, que te den un cupón, que el futuro está cerca. 
Me lo han prometido, ¿sabes? El futuro. Mil veces. Mil futuros mil veces, los quiero en un cheque, o en negro, o en prendas de vestir que nadie haya visto así cuando me miren dirán "¡qué friki!" y se reirán y habré hecho reír a unos pobres tristes. Les  habré dado recuerdos de payaso. No nos disfrazamos. Deberíamos. De payasos o de cosas o de animales o de monstruos. Monstruos. ¿Por qué los quieren matar siempre? ¿Por qué se meten con quien sigue su naturaleza? Si no te gusta la naturaleza de un volcán, no construyas en sus costas, idiota. La gente me supera, a veces, en realidad no, pero quejarse es tan divertido que algunos lo adoptaron como hobby, otros como tercer hijo, otros como primero. Otros le han dejado su herencia. 
Quejarse hasta la tumba. La lápida: "Qué incómodo es esto". 

Supongo que todo viene de que no pudieron darme esos futuros, ¿eh? Nadie. O quizá exagero. Pero sigo navegando, yo cojo el autobús los jueves. Los jueves son raros. ¿Qué opinas de eso? ¿De qué? De los jueves sin velas, de los domingos sin música y de los atardeceres a través de una copa mitad lujuria mitad "qué haces aquí". 
Y después de todo lo único que queda es un edificio lleno de piedras que cargo por las fiestas de los flagelantes podridos, los que nadie va a ver, porque se están muriendo de cáncer en una habitación de hospital. ¿Dónde está el saco de dormir? Me afeitaría la cabeza también. Y las manos. ¿Dónde las guardo? En alguno de estos cajones seguro que hay una goma de borrar. Es que me tengo que borrar la cara, no me gusta ya. Lleva a malinterpretaciones de mi cara. No es bueno para el negocio. Ya sabes, el negocio de gafas que sirven para ver la vida de colores, pero sólo para gente sin cara. Me arruiné, claro, la gente tiene mucha cara. ¿No? A veces sí. Se me cuelan en las colas de los súpers, y yo luego tengo que enfrentarme a la cabeza del dragón y echa mucho fuego. Pero yo, por suerte, echo mucho más que él. 
La gente confía en eso. En eso y en llamar a ciertas horas de la llamada preguntando por su helado de chocolate con menta o menta con chocolate, no sé, nunca me lo pido, me da asquito. Y entonces es cuando me atropella un coche y me despierto en el hospital todo lleno de flores y notas de agradecimiento sin nadie que me las abra porque mis brazos están rotos de mandar a la mierda a todos los que me tiraron el café a la cara. No tengo por qué soportar eso. Pero mejor hacerlo antes de que muchos se caigan, pero quizá no. 

Quizá solo necesito tiempo. 

Quizá solo quiero que escuchen a lobo de mar que coge el autobús los jueves porque está harto de las canciones de ron, del ron y de ser brutalmente estereotipado. 

Pero no me he soltado ni un poquito. Todo esto está arañando la superficie. ¿Quién sabe qué hay más abajo? 

Sí. ¿Quién lo sabe? 

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martes, 22 de septiembre de 2015

Que vienen los lobos, y ya no me acuerdo de a por quién

Escribir a veces para nada más que escribir, para ver dónde acaba uno que quizá acabe lejos donde ya no da el sol de las luces perdidas. Las muletas se nos caen de los pies cuando queremos perder el miedo a volar y las plumas no sujetan los pesos de las cargas invisibles parte de nuestro estilo de vida, tóxico para los amantes del amanecer en las lunas hijas de los Saturnos varios y el cielo de las campanadas veraniegas donde los cañones y los orgasmos fríos. 

Esto quizá no tenga sentido para quien lo lea o quizá todo el del mundo y yo sólo puedo dar las palabras que llegan. No pido ni identificación ni les pregunto por la velocidad que tienen en la cartera, ¿quién se para a contar hoy día? Mejor contar nubes, de las que no quedan cuando hace sol en invierno. Y entonces las alas de las mariposas se transforman en los aperitivos de los que nacen siendo adultos de la vida que no ha vivido nadie porque no existe más allá de unas montañas olvidadas en canciones romanas y mitos hititas. 
Sigues caminando para no ver tus huellas pero te pierdes si no te pisas el cuello, mejor ahogarse que enfrentarse a la horca, quizá una patada de fuego en el corazón de las víctimas de la mentira despierte a los momentos olvidados en algún barco hundido en los mares de las lágrimas de los desamorados que lloran en sus ventanas, perdición y tempestad. La tormenta arrecia y borra tus huellas pero los lobos pueden encontrarte. Corre, quizá oso, porque la sangre es ígnea y no hay agua sólida en las llamas líquidas de las huellas de tus predadores. ¿Quién te preda? ¿Quién te depreda? ¿A quién te comes, hijo de puta? Salta, corre y vuela, porque las velas se apagan y no querrás que sea en tu turno, guardia, guardia de los tesoros que nadie quiere. Trabajo de los inútiles de oficio que se creen peores que la tierra y menos sabrosos que las lombrices pero todo se lo puede comer una cabra, ¿no? 

El camino se hace empinado, ¡no temas! La vida sigue, ¿no? Y qué. Quizá una cerveza en el culo de una prostituta te anime, porque quizá tu fuego no sea de verdad, quizá sea confeti de naranjas, amarillos y rojos, que de lejos todo se confunde y ves fantasmas que el pasado te ha enterrado y te empeñas en cavar con pala y pico, con montaña y bisturí. ¡Tiradores a sus puestos! No puedes comerte el corazón de los hombres, no lo intentes, está duro y a veces no está, otras es de cenizas, otras puede caminar. 
No hay consejos para los que caminan por los desiertos rosas, ¿y sabes por qué? Cuando la vida se precipita como un tifón sobre las casas de tus aldeanos en las historias de tus nietos que te contaron en el presente del baúl del sótano de arriba, es entonces cuando la vida toma colores que no habías visto, quizá haya sangre en tu cara y la gente grite "¡qué se muere!". No eres un tentetieso, no puedes ser de madera, lo siento. Quizá montando en los caballos del extremo límite del cosmos ontológico kantiano te anime, pero sólo con ese helado de teléfono que tanto te gusta. Frío como tus dientes al morder el deseo que puedes concebir. No temas, eres normal. Folla, quizá arranca, despedaza con tus garras los pocos sueños que a algún idiota le queden, si quieres. A mí no me buscas, yo ya acabé con ver los terremotos del final de este mundo que tú llamas cocina, que yo llamo "no me importa una mierda". Tomaré zumo, con dos cañitas y quizá una verdura en tempura. Pero no dos. Que te rajo las naranjas. 
Azul es otro color. 

A lo que iba. Los lobos están llegando pero la nieve tapa el camino, se oyen sirenas, las sirenas del mar y las de los coches de autoridades, que ellas han tomado el poder y se ocupan de apagar los fuegos de vientre, esas mariposas no vivieron mucho, ¿no crees? Menos contigo. Menos aún conmigo. Pero siempre está bien sentarse bajo un tren y verlas venir, verlas venir como si no vinieran nunca. Traételas, pero en paquetes de seis y luego ya si eso ponemos algo de música. 
Perdido y perdición. Olvidado y olvido. Pero qué tontos sois. 
Y al final no entendiste una mierda. Pero qué más da lo mejor es que algo pasó. Y ese algo nos ha llevado a la nieve. Una nieve que cala hasta los huesos y crea gangrenas en lo que ya no necesitas, rómpetelo que ya no sangra, idiota. Pero rápido antes de que me canse de sostenerte el café. 

Solo queda rodar ladera abajo y tendremos un trato. El de las nubes cotillas y las estrellas auditoras. Firma en mi piel y no te preocupes por arrancar de más o por usar la sangre para subrayar. 

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domingo, 16 de agosto de 2015

Error del sistema


Las ciudades son interesantes. Yo no viviría en una pero, oye, aquí estoy. En una azotea, con el frío del invierno y la mañana, mirando a los tipos que se levantan temprano para ir a trabajar. No son pocos, creía que serían pocos. Yo no me acosté, ¿debería ahora? No sé si tengo sueño, tampoco sé cuántas horas llevo despierto. Hmm… No me quedan cigarros.
-¡Eh! ¡Ted! ¿Tienes algún piti?
-¿Ah…? Yes… I think a have a… haha, a piti… Here.
-Gracias, tío.
Y ahí va Ted. Directo al suelo. No ha aguantado. Pobre. Ya sólo quedamos Susana y yo… Los extranjeros. Ya no sé cuánto aguantaré despierto, veo a Ted, Alex y Marian y me dan algo de envidia. Para ellos esto ya ha acabado. No me jodas, no tengo mechero. No creo que a Marian le importe. Los conozco desde hace nada y me da pena que se hayan dormido, nunca te acostarás sin saber algo nuevo dicen. Tengo debilidad por los ingleses raritos muertos. ¿Dónde estás, Susana? Sólo quedamos tú y yo. Solos tú y yo. Podríamos bailar, me encantaría acostarme con ella. Es preciosa, pero no como una rubia despampanante, no, no, tiene esa belleza real y alcanzable, esa que se mide en la mirada y la sonrisa. Bajita, ojos azules, pelo negro y poco más sé, llevó abrigo todo el tiempo.
No me quejo, yo llevo un abrigo largo negro. Mi cuerpo es un misterio incluso para mí ahora mismo. Susana…

Miro a la gente. Encuentro un panadero abriendo su pequeño local, dos carteros que se separan con un abrazo a hacer sus rondas. Un par de autobuses parados y los autobuseros hablando de Dios sabe qué y unos cuantos camiones de mercancías reponiendo a unas tres tiendas repartidas por la zona. Todo está nevado. Echaba de menos la nieve, en mi casa nunca nieva, sólo nos llueve.
-¡Eh!
Un bolazo de nieve.
-¿Susana?
-Te dije que me llamases Su, idiota.
-Está bien. Volveré a empezar. ¿Su?
-¡Hola!
-¿Qué haces aquí? ¿No crees que es peligroso? Podría… dormirte.
-Si sigues hablando lo lograrás. Dame un piti.
-Cógeselos a Ted, lleva la cajetilla en la mano. Ten, fuego.
-Hmmm. Sabe a gloria… ¿a qué te dedicas?
-Soy… Soy violinista en una pequeña orquesta de mi país.
-No, idiota. Aquí. ¿Qué haces?
-¡Ah! Uh. Eh… miro… Miro a la gente pasar. No sé. Tengo algo de nostalgia. Estos tres ya han caído.
-Sí… ya lo veo. John, Teresa y Shiao también.
-¿Estabas con ellos?
-No, con Shiao. Me lo contó ella antes de recibir un balazo en la frente.
-Vaya… pobre.
-Sí, claro. ¿Y qué les has hecho a esos?
-¿Yo? Nada.
-Venga.
-Se durmieron entre ellos.
-¿De verdad?
-¡Vale! Acabé con Ted, pero Ted con los otros dos.
-Ya decía yo.
Hm. Siento el cañón de su arma en mis costillas. Yo sólo no podía con ella, ¿para qué resistirme? Me dormiría. Ella ganaría. Ella viviría. No me importaba, la miro a los ojos y me alegra que viva. Sólo fumaba, sonreía y miraba la ciudad. Mi última vista, no está mal, me gustaría ver las montañas pero no me quejo; esto tampoco está tan mal. Lo único que me estaba matando era la incertidumbre. ¿Cuándo lo haría?
-Verás… ¿por… por qué no podemos vivir los dos?
-¿Qué?
Eso sí que me ha sorprendido.
-¿Por qué sonríes? Te estoy apuntando con un arma, vas a dormirte. Para siempre. No despertarás. ¿Lo entiendes? Nunca más. Dejarás de existir. ¿Por qué sonríes?
-Porque tú seguirás viva.
-¿Eso es todo?
-Eso es todo.
-Estás muy, muy cansado.
¿Yo, cansado? Sí, podría decir que sí. Estoy realmente cansado. Me vendría bien el descanso que había al otro lado de sus dedos. Frío metal pesado. ¿Cuándo disparará? Lo estoy esperando.
-Sí. Estoy cansado. Cansado de correr, cansado de este mundo. ¿Por qué no disparas de una vez?
-¿Qué te cansa del mundo?
-¿Eh?
-Dímelo.
-… por dónde empezar. Que nadie entienda a nadie, mayormente. Creen que lo hacen pero tú les has visto, vemos mejor que ellos. No se entienden, ni se escuchan, ni quieren saber nada de los demás. Son egoístas. No soportan tener a nadie cerca, tienen miedo, y no soportan su realidad. Luchan cada día contra el mundo. Un mundo que creen controlar y comprender. Estoy harto. Si me duermes no volveré a ver al mundo. El mundo me deprime.
-¡Pero, mira a esos dos ancianos! Van cogidos de la mano. Se quieren. Hablas mucho, pero no has visto casi nada. Te niegas a ver porque tienes miedo de que no te guste lo que ves. Eres como ellos.
-No… yo…
-Cállate.
-Bueno.
-¿Qué crees que me pasará? Ya sabes, cuando te… duerma.
-Ni lo sé ni me importa.
-¡Oye!
-¿Qué? Vas a acabar conmigo, no tengo por qué ser amable contigo.
-¿Y si cuando acabe contigo acabo conmigo?
-Entonces serás injusta con ellos.
Señalé a los tres cadáveres que tenía tras de mí. Empezaba a cubrirlos la nieve.
-¿Y si estoy cansada de este mundo?
-¿Entonces por qué te metiste en esto?
-No… ¡No lo sé! Quería estar viva. Quería… ya sabes.
-Sí… lo sé.

-¿Y si nos lanzamos? Los dos. Ahora. Al vacío. 

viernes, 24 de julio de 2015

La impotencia de un espectador

Yo tengo uno de esos regalos que te gustaría no haber tenido la suerte de recibir. ¿Te gustaría saber el futuro? Te daría el poder de verlo cualquier día de la semana, cualquier semana del año a la hora que tú quisieses si pudiera. Si pudiera librarme de ello.

¿Nunca lo pensaste verdad? Ese poder haría que todos tus miedos desapareciesen, toda incertidumbre quedaría resuelta. ¿Seré feliz el resto de mi vida? ¿Dejaré de estar solo? ¿Dónde viviré? ¿Tendré hijos? ¿Cómo serán? ¿Viajaré mucho? ¿Cómo moriré? Imagina todas esas respuestas resueltas. Es un poder genial que te llena de tristeza y apatía. ¿Has pensado que quizá no te gusten las respuestas? ¿Has pensado que si sabes todo lo que va a pasar nada te va a sorprender? ¿Nada te va a alegrar?
No sólo eso. Yo he visto mi muerte, me quedan cinco años y unos meses. No he querido hacer la cuenta. ¿Para qué hacerla? He vivido una vida absurda, una vida que ya había sido vivida por mí un millón de veces. Una vida sin inocencia, sin risas. Cualquier chiste que me cuentes ya lo habré escuchado antes, muchas veces, las suficientes como para que pierda totalmente la gracia.

Y no, no es reversible. Ni lo de mi muerte. Ocurrirá así y no hay ninguna manera de evitarlo. Esto es algo que nadie logra entender. Todo futuro puede cambiar, ¿no? Todo puede decidirse, el destino no está escrito en las estrellas. Somos dueños de nuestros caminos y tenemos libre albedrío, ¿verdad? "Sigue luchando, alguna manera habrá para cambiar tu futuro". ¿Y si el futuro está escrito? ¿Y si no se puede cambiar? ¿Y si alguien pudiera leerlo? ¿Querrías leer el tuyo? ¿Y si no pudieses cambiar nada, aunque no te guste nada de lo que leas ahí? Sería vivir la condena antes de que dicten tu sentencia.
Moriré dentro de cinco años. Y eso es ineludible. No porque no pueda ser evitado. No voy a contarte cómo moriré, pero te pondré un ejemplo: si muriese atropellado por un camión, todo lo que tendría que hacer sería no salir a la calle ese día y problema resuelto, ¿no? No es tan fácil. El futuro está escrito y yo, que ya conozco mis acciones, no puedo hacer más que seguir cada línea y cada párrafo hasta que la historia termine. Y por mucho que tú me quieras salvar, que quieras cambiar mi futuro, lo único que puedes hacer es terminar de leer este párrafo, cruzar los dedos y soñar con que la historia acaba de otra forma.


Ronald Wish, el artista

Hay gente talentosa para cada actividad que se te ocurra, desde gente que domina el arte culinario con una naturalidad pasmosa hasta las personas con un gran talento financiero capaces de ver lo que la razón ni los datos estadísticos son capaces de ver. 
Pero también hay talentos que se olvidan, otros que no se descubren y otros que son negados y rechazados. 
Entra en escena Ronald Wish. Un adolescente irlandés cuya familia emigró a Minnesota cuando apenas tenía cuatro años. Ronald enseguida desarrolló una artesanía y pasión por los cuchillos, pero se le daba horriblemente cortar apios o cebollas para ayudar a su madre a hacer el estofado de los domingos. No, a él se le daba bien trinchar el pavo, cortar filetes y así poco a poco, despiezar cerdos y vacas. Pero Ronald, a pesar de sentirse fluido y natural realizando estas grotescas tareas sentía que algo faltaba. Que no era del todo feliz, que esa no era su pasión verdadera. 
Pronto alcanzó fama en su colegio por ser el hijo del carnicero. Muchos chavales se metían con él, por eso y por ser el niño irlandés del condado. Hasta que un día, Ronald, harto de las burlas, se llevó una pequeña navaja suiza que guardaba su padre en la caja de herramientas y el siguiente niño que le hizo burla sufrió una muerte tan horrible y tan sangrienta que nadie era capaz de señalar al pequeño Ronald por ello. Era demasiado violenta para que un niño pudiese haber hecho algo así. La víctima había sido reducida a sus extremidades y se había colgado cada una del extremo de las ramas de un árbol seco, mientras que los intestinos habían sido usados para rodear el árbol como una cinta de navidad. Y en lo alto del árbol se encontraba la cabeza del pobre niño que se había cruzado con el superdotado equivocado. Un superdotado del arte de matar. 
A partir de aquí Ronald entró en una espiral depresiva que le atormentaría por el resto de su vida. Le dieron varias crisis nerviosas y nadie en el pueblo sabía qué hacer con él. Seguía trinchando el pavo y seguía despiezando a los animales para su padre, pero ahora que había probado el placer del asesinato, la adrenalina de lo prohibido, la mirada de terror de su víctima, el sudor frío... Despiezar animales le sabía a tan poco. Debía volver a matar pero sin llamar ninguna clase de atención. Aprovechó una noche de fiestas en la que todo el pueblo estaba de fiestas para secuestrar y dormir a un pobre mendigo y llevarlo hasta una caseta abandonada a las afueras de uno de los campos de trigo del condado. Era invierno por lo que nadie siquiera pasaría a recoger los pequeños brotes de trigo nevado. Se aseguró de que el mendigo le durase no días, ¡semanas! ¡A saber cuándo sería la siguiente vez que podría asesinar tan libremente a alguien! Debía saborearlo. No era como pintar o esculpir, no, aquí sólo tenía una única oportunidad con su lienzo, era artista y trabajaba con la materia prima más cara del mundo: la vida. Decir que el pobre mendigo sufrió una muerte agónica es quedarse corto. 

Para suerte de la sociedad y desgracia de Ronald, fue atrapado una de las últimas noches que tenía pensado ir al cobertizo. El mendigo sobrevivía a base de drogas e inyecciones de adrenalina, por lo que falleció mucho antes de poder llegar a cualquier hospital. Ronald seguía siendo menor pero aún así le cayeron varias décadas de cárcel y desde entonces hasta hoy sigue allí. Un artista incomprendido, un monstruo para nosotros, ¿deberíamos castigar a aquellos que siguen su propia naturaleza si esta nos daña? Eso se lo dejo a ustedes. 
Tengan una buena noche. Y cuidado, nunca se sabe quién acecha en las sombras siguiendo algún oscuro deseo.

Hazte amigo del mar

Aquella noche una niña se sentaba a llorar en la orilla del mar. "Problemas en casa" se podría resumir su tristeza. Cada lágrima caía como rocío sobre la fría arena. El mar rugía con fuerza aquella noche, la suficiente para que pudiera llorar sin que nadie la escuchara. Sin que nadie la encontrase. Sin que nadie pudiese ir hasta allí y detenerla.
Pero, para su sorpresa, entre los rugidos del mar llegó algo o alguien. Parecía un montón de algas y cuando la niña se acercó... vio que eran un montón de algas, pero había algo más. Y ese algo más comenzó a levantarse.
-Ho... la...
Dijo un esqueleto al que apenas le quedaba piel pegada al cráneo y que vestía como un antiguo lobo de mar. Sólo tenía un ojo y apenas le quedaba nariz. La niña, como cabía esperar, salió corriendo aterrorizada.
-¡No! ¡Espera! ¡Sólo quiero hablar!
La niña no dejaba de correr.
Otra vez igual, pensó el viejo lobo de mar, si yo me encontrase a alguien como yo en la playa al menos tendría curiosidad. ¿Cuánto llevo haciendo esto ya? ¿Cinco siglos? Y apenas he tenido una conversación decente. Y otras veces incluso han querido hacer caldo conmigo. La inmortalidad apesta.
Se olió.
Apesta literalmente.

-¿S-Señor? ¿Va a sentarse a llorar?
-Iba a hacerlo, sí.
-Pues entonces yo también.
-¿No te doy miedo?
-Nada que llora da miedo, señor.
-Eres muy lista para ser una niña, ¿sabes?
-Y tú muy tonto para ser un esqueleto.
-Touché.

...

-¿Qué haces en la playa? ¿No tienes familia?
-Mis padres siempre discuten, por todo. Ni siquiera están juntos pero se ven para gritarse y echarme la culpa de cosas que no tengo ni idea de qué son. Me vengo aquí a llorar porque nunca me buscan demasiado y porque aquí no me escucha nadie llorar. El mar ruge mucho.
-Oh... imagino que debe ser duro.
-No sé qué es duro, tengo once años.
-¡Mi cráneo es duro! Y tiene ya quinientos años.
-¿Y cómo has llegado a vivir tanto?
-Jugando bien mis cartas, todo el mundo se muere de algo, si logras salvar ese algo no morirás nunca. La muerte siempre viene detrás de mí ¡pero yo corro más que ella! Vivir en el mar ayuda mucho, te puedes quedar inconsciente durante décadas enteras y no te encontrará.
-¿Y cómo respiras?
-Ya te he dicho que puedes no morir de lo que sea te vaya a matar, incluido ahogarse.
-Señor, eres muy raro.
-Y tú muy insolente. Me caes bien.
-Y tú a mí, señor esqueleto. ¿Volveré a verte mañana?
-¿Sabes? Pídeselo al mar. Y a ver qué opina él.
-Buenas noches, señor esqueleto.
-Buenas noches, niña insolente.

Aquella noche fue la primera noche en años que ninguno de los dos tuvo pesadillas.

A bordo de un barco pirata retirado

-Abuelo, cuéntame más de tus historias. ¡Me encantan!
En mitad de la noche, a la luz de un farolillo y sobre la cubierta de un pequeño navío, el anciano se aclaraba la garganta y se encendía su vieja pipa de los viejos tiempos.
-Bien, pequeño, te contaré tres cosas que todo pirata que se las apañe para vivir tanto como yo echará de menos. La primera y más importante, la osadía.
-¿Una osa?
-No, no. La osadía.
-¿Y eso qué es?
-Un pirata es osado, un pirata es bravo, un pirata es libre y orgulloso de gritarlo por los siete mares. La osadía del pirata es lo que le hace ir gritando allá a donde vaya con la cabeza alta y una sonrisa en la cara. La osadía es lo que me hacía sentir eternamente joven, atrevido, aguerrido, es la sonrisa que tenía cuando me batía en duelo con algún marinero y le hacía ¡ahá! con mi sable.
-¿Cómo?
-Así, mira, ¡ahiá!
-¡Oh! ¿Y qué más? ¿Qué más echan de menos los piratas, abuelito?
-Veamos... ¡ah! La segunda cosa que más se echa de menos son las canciones. No cualquier canción pequeño, las canciones de los piratas.
-Pero las puedes escuchar en la mini-cadena.
-¡Mira que eres listo, enano! Pero no, eso no sirve. ¿Alguna vez has estado en una taberna repleta de hombres felices celebrando el simple hecho de haberse juntado? Jarra en mano y encima de todas las mesas cantábamos y bailábamos hasta que nuestras barbas se enroscaban y no nos salía más voz de la garganta. Entonces, ¿sabes qué hacíamos?
-¿Poner la mini-cadena?
-¡No! No, no, no. Pedíamos otra ronda de ron, nos la tomábamos de un trago
y seguíamos cantando por horas hasta que el ron podía con nosotros y nos echábamos la siesta. Trata de imaginar cómo sonaban las canciones gritadas por una habitación llena de gente alegre que vivía por la música y el buen ron. Eran buenos tiempos, sí.
-¡Abuelo!
-Dime, nietecín.
-¡Nosotros podemos cantar!
-Ay... me temo que estoy muy viejo para eso, pequeñajo. Pero te tomaré la palabra para el día de tu boda.
-¿Mi qué?
-Olvídalo. Te contaré la tercera cosa que todo pirata echa de menos. Y no son las riquezas, no son las mujeres.
-¿Por qué ibas a echar de menos a las mujeres? A mí solo me riñen.
-Eh, no es culpa de la abuela que siempre te metas en problemas. ¿Vale?
-Vaaale.
-Lo tercero que un pirata echa de menos la mar...
-Abuelo, estamos en un barco en mitad del mar. Y está tan oscuro que no veo nada de nada.
-No, no es el mar como tú lo conoces. Es el mar abierto, el mar libre, el mar que te llevaba a grandes aventuras y que te llevaba a casa. El mar lleno de corrientes y oportunidades. La sensación... ¡la sensación de salir de un puerto en busca del destino que hay detrás del horizonte! Ese es el mar que todo pirata echa de menos.
-¿Crees que algún día iré a ese mar, abuelo?
-No lo sé, hijo, no lo sé.
-¡Jo! ¡Yo también quiero ser un pirata como tú!
-Bien, pues coge tu sable de madera.
-¡Cogido!
-Ponte tu parche.
-¡Puesto!
-Y ahora te voy a enseñar cómo se maneja un timón. Haremos que este pequeño surque el océano y a ver a dónde nos lleva, ¿qué te parece?
-¡Que ser pirata es lo mejor del mundo!
-Genial. Pero hay que estar en casa para el desayuno, no quieras tu abuela nos mate.
-¡Claro que no! Además sus tortitas son las mejores del mundo.
-Las mejores de los siete mares, hijo. Las mejores de los siete mares.

Y cantando una alegre canción se desvanecieron en la oscuridad de la noche en mitad de un mar calmado, hambriento de buenas historias.

Hombres con poder en Malibú

Todo está negro, abre los ojos, ve una cara extraña, pálida, familiar.
-Buenas noches. Bienvenido, señor... eh...
Se le acerca otro hombre al primero, le entrega una carpeta y se va. El hombre se pone unas gafas redondas. Es un señor mayor, lleva traje y muy buen porte. Elegante y confiado.
-Sí, bienvenido, señor Toreador. Mi cara le resultará familiar, pero no lo suficiente como para identificarme, ¿me equivoco? Verá, yo tampoco lograba identificarle. Curioso, ¿cierto? Hay coincidencias graciosas, sí, sí, claro.
Está atado, de rodillas, los brazos en cruz algo levantados. Está en un sótano o algo parecido. El hombre mayor se enciende un cigarro y se sienta en una silla con el respaldo delante del pecho.
-Coincidencias... Verá, señor Toreador, usted ha estado causando problemas a uno de mis asociados y no puedo permitir que eso siga ocurriendo, ¿verdad? ¿Qué clase de negocio deja tirados a sus contactos? ¿Sabe? No tengo ni idea. Porque mi empresa nunca lo hace. Y eso le pone a usted en un aprieto. Por suerte yo también tenía una mosca en el culo como lo era usted para mi asociado, así que intercambiamos víctimas y todos ganan. ¿No me diga que no había pensado en esa posibilidad? Bromeo, claro. Aunque quizá sí es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que si le estoy contando todo esto es que... una de dos, o soy un sádico o es que le voy a dejar vivir. Y ahora piensa en la posibilidad de salir vivo de esta, pobre, pobre señor Toreador. Le repito la pregunta: ¿qué clase de negocio deja tirados a sus contactos? Por suerte para usted no soy un sádico por lo que no tomaré parte en esta carnicería y tengo asuntos más importantes que tratar. Pero por desgracia para usted, tengo personas que se encargan de las carnicerías por mí y lo disfrutan, así que espero que se diviertan. ¿Que para qué todo el monólogo de villano entonces? Eso es muy fácil, un hombre aguerrido y decidido como usted debería saber la respuesta. Me la pone dura destruir a alguien por dentro desde un pedestal, eso y que me encanta como suena mi voz.
El hombre se disponía a irse, pero paró con la puerta del sótano agarrada, miró al hombre atado y concluyó:
-¿Sabe? Me da curiosidad hasta qué parte de mi mansión se escucharán los gritos que alguien fortachón como usted pueda propinar. ¡Páselo bien!
-¡¡HHHMHMMMMMMHMHMHMMM!!
Tenía un calcetín en la boca. La puerta se cerró y la luz se apagó.

Por suerte o desgracia ese día no acabó bien para nadie.

Mejor que una radio

-¡Señor! ¡Todo lo que hemos encontrado es esta grabadora!
-¿Nada más? ¿Ni sangre, ni ropa, ni restos de nada?
-No, nada más, señor.
-Hm... Bien, déjela con las otras pocas pruebas que tenemos.

Más tarde.

-Bien, vamos a escuchar la dichosa cinta. A ver si así salimos de dudas.
-¿No habría que llevarla primero al laboratorio?
-No me fío de esos cabeza de huevo, quiero escucharla por mí mismo y saber qué narices pasó aquí.

El subteniente calló.

*Click*

-Aquí el profesor Pinker. Diario número cuatro de nuestra expedición hacia lo que hemos denominado como "La vena del infierno". No es el nombre más inspirador del universo, pero entre lo escabrosa que es, el calor que hace y que creemos atraviesa la corteza terrestre no nos quedó otra. Llevamos aquí dentro ya cuatro días y nos disponemos a seguir profundizando.
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-Estábamos bajando pendiente abajo cuando encontramos unas extrañas estructuras geométricas. Como prismas rectangulares gigantes dispuestos aleatoriamente por toda la caverna. Y según nuestro sónar parece que hay una gran galería justo detrás de los prismas. Nos proponemos entrar.
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-Según nuestros aparatos, la galería debe medir unos doscientos metros de alto y no hemos logrado obtener medidas ni de ancho ni de largo. Debe ser inmensa. Dios sabe qué puede haber causado algo así.
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-¡Alto! ¡Muchachos! ¡Parad! Creo que he oído algo. Shh...
-...
-...
-...
[Se escucha un gran estruendo, como si toda la tierra temblase]
-¡Sshh!
[Se escucha un grito agónico monstruoso, se escucha lejos pero a la vez cerca, la grabadora no sabe muy bien cómo reproducirlo, las gráficas de sonido en el ordenador se ven inusuales, demasiado armónicas para lo monstruoso del sonido]
-¡Mire, profesor! ¡Qué coño es eso!
-¡Corred! ¡Co-
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Se hizo un silencio en la sala.

-¿Qué coño...?
-Debemos guardar esta cinta con nuestras vidas. La tienen que echar un vistazo nuestros expertos. Sea lo que sea que hay ahí abajo es peligroso y como salga a la superficie podemos estar jodidos. ¡Ah! ¡Por ahí vuelve mi querido alférez! ¿Encontró algo?
-No, señor.
-Alférez, ¿qué hace con ese arma?
-Los pequeños monos se han metido en la cueva equivocada, señor. Deben ser eliminados. Nadie disturba este territorio.
-¿Al... férez?

La leyenda de los cinco samuráis

"Cuenta la leyenda que cinco samuráis se suicidaron en el mismo lugar, a la misma hora, del mismo día, del mismo mes de diferentes años. No fueron años seguidos ni tampoco años lo suficientemente juntos en el tiempo como para que estos cinco samuráis hubiese acordado algo.

El primero, Tsunemoto Morikatsu murió en el año 1073, según los escritos, en el patio de su jardín, clavándose su espada en el estómago, realizando el conocido hara-kiri. De él sabemos que fue un maestro espadachín pero muy poco más.
El segundo en fallecer fue Fukunaga Rinya, en el año 1204. Era un maestro de la espada y un exitoso guerrero que consiguió honor y prosperidad para los suyos, aunque su figura sigue envuelta entre mitos y leyendas. Realizó el hara-kiri con su katana atravesándole el estómago en el entonces parque más atrás fue el jardín de Tsunemoto.
En el año 1356 el formidable guerrero Makunochi Akihiro acaba con su vida tras haber derrotado a toda un clan que asolaba las tierras de los suyos. De él sabemos que fue casi un mercenario y que luchó al lado de un guerrero de la familia Fukunaga que poco y nada tenía que ver con Rinya.
Un siglo más tarde, en el 1470, Togari Takuji se quita la vida de manera homónima. Togari Takuji fue fundador de varias escuelas de guerra y un maestro estratega además de ser un maestro espadachín, pero no sabe, al igual que los otros, por qué se quitó la vida.
El quinto, y quizá más interesante caso, samurái que se quitó la vida fue Saotome Atsuo. Fue el único en dejar una nota junto a su cuerpo inerte. Saotome, al igual que el resto fue un gran maestro de la espada y aunque fue más una espada a sueldo se le considera entre clanes samuráis como uno de los grandes samuráis de la historia. Su nota decía "Para cuando el mundo nos necesite, aquí yacemos, los grandes guerreros de la historia, unidos en amistad, esperamos".

¿Qué podrá significar todo esto? Tenemos con nosotros al profesor de historia oriental de la Universidad de..."

Apagó el televisor, recogió su katana y se dirigió al descampado que hay detrás de la casa de sus vecinos, llevaba varios años esperando el momento adecuado en el que hacerlo. Y es que cuenta la leyenda que un grupo de guerreros inmortales vive tras el velo de los mortales, estos guerreros disfrutan de sus glorias y sus reencarnaciones, pero sobre todo disfrutan en el fragor de la batalla luchando como uno solo para luego retirarse una vez más, tras el velo, para volver cuando se requiera de su fuerza una vez más, para proteger lo que es justo y humano, por la gloria y el honor, por el deber que tiene todo guerrero para con el mundo.


Las manos que se ensucian

-Soy lo que muchos no quieren ser. Hago el trabajo que muchos no quieren hacer. Veo las cosas que nadie quiere ver. Soy las manos que se ensucian. Tan simple como eso. No es personal, es mi trabajo.
-¡Pero no puedes volar todo el edificio así porque sí!
-¿Qué me lo impide? Nadie excepto usted sabe que estoy aquí y nadie excepto usted sabe que la bomba está en su mismo despacho. Es una pena que alguien que lleva siguiendo el rastro de los míos muera en mis manos, y digo que es una pena porque muchos claman por su cabeza y al final el premio me lo llevaré yo, alguien a quien nunca perseguiste. Lo cual me ofende un poco.
-Deja que al menos los inocentes se vayan. No puedes ser tan desalmado.
-¿Desalmado? En este edificio sólo vive escoria que nadie recordará. Estoy viendo cada una de las cámaras que dispusimos en este edificio y sólo veo basura humana de la que todos nos beneficiaremos si alguien se deshace de ella.
-Hijo de puta.
-¿Qué ha dicho, agente? No le he oído.
-He dicho que eres un grandísimo hijo de puta.
-Oh, me alaga. Guárdese los cumplidos para usted. Yo sólo estoy haciendo mi trabajo.
-¿Y por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué inmovilizarme y hablarme a través del ordenador?
-No me gusta que la gente muera injustificadamente. Me gusta que conozcan las razones por las que van a dar sus vidas. Verá, agente, si les avisase y les dejase marchar nadie se creería que este edificio se cayó solo. Habría investigaciones, habría pruebas, y sería todo mucho más caro de lo que es. Mis clientes quieren que sea lo más natural posible, unas vigas viejas, unas inspecciones que este edificio no ha pasado desde hace años, una caída inevitable. Y entonces el teatro comienza su función. El alcalde dirá que siente las pérdidas de las víctimas y que a partir de ese día se tomarán medidas para que esto no vuelva a ocurrir cuando en realidad no hará nada y ha recibido un maletín para que mire hacia otro lado. La policía que venga a investigar el caso serán agentes dobles que trabajan para mi cliente así como los bomberos, cada superviviente que encuentren será silenciado. Los médicos forenses atrasaran el papeleo para poder entregar los órganos que se puedan recuperar a otro cliente mío. Otro cliente más se alegrará al saber que usted queda fuera del mapa aunque en los medios dirá que siente mucho la pérdida de un agente tan bueno como usted. Por cierto, este es su despacho personal, por lo que está de servicio. ¡Alégrese! Será enterrado con honores. Y asistirán muchas de las personas que han orquestado esto.
-¿Y qué pintas tú en todo esto?
-¿Yo? Soy el brazo ejecutor. Si alguien mete sus narices en esto y acaba dando conmigo no tendrá ningún móvil porque no conozco a nadie de los implicados, ni a mis clientes ni a ti, ni siquiera conocía este barrio. Te veo muy estoico, agente. Vaya sangre fría tienes.
-Me niego a que me veas de otra forma, monstruo. No tenéis ni un solo ápice de humanidad.
-No.
-Sois un cáncer para este planeta. Si no soy yo otro acabará con todos vosotros.
-Uy, qué miedo.
-¿Por qué este edificio?
-Porque uno a uno, de una manera u otra, todos los edificios de la manzana serán obtenidos por mis clientes para tener una posición estratégica para sus corporaciones. Pero ya es igual para usted. La hora le llega. Llámeme como quiera, es el momento. Yo mientras voy a dar mi comunicado por los altavoces que coloqué personalmente por todo el edificio.

<<Atención. El edificio donde se encuentran será demolido en apenas unos segundos. Es inútil correr, es inútil esconderse. Todo el edificio ha sido sellado. Siéntase orgullosos porque con su sacrificio ayudan a construir un mundo mejor. Buenas noches.>>

<<5>>

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<<...>>

El "brazo ejecutor" se reclinó en su silla, dio una calada tan larga que acabó su cigarro, cerró el ordenador. Se levantó, se estiró. Apagó todas las luces de la casa y regó las plantas. Sacó del cajón de la cocina varios frascos de pastillas. Cogió una cada uno de ellos y se las tragó con una infusión.
Se preguntaba si le pagarían extra esta vez y trató de no recordar que con estas ya eran doscientas treinta y ocho almas de las que era responsable. Se metió en la cama y se preguntó si la gente que le paga también cuenta sus responsabilidades Antes de dormirse se hizo una pregunta más: si ellos serían capaces de dormir por las noches sin drogarse tanto. 

Carta de un loco a un sueño


Los sueños son algo muy delgado, son finos y frágiles. Aunque inflados lo suficiente pueden hacerte volar más que ningún globo que encuentres. Hay que cuidarlos con mucho mimo para que no caigan en el olvido. Hay que leerlos cada noche como un manual de instrucciones.
Como el sueño de estar leyéndole un cuento a un niño y que el niño ría, sonría y duerma feliz. O soñar contigo y verte a través de la ventana. Encontrarte entre la noche y el día y acogerte en mis sábanas. Me acuerdo de ti tanto.
Cómo no hacerlo.
Me gustaría escribirte una canción aunque no sé cantar. Me encantaría descubrir al animal más adorable del planeta y darle tu nombre. O volar en globo por tus pensamientos. Me encantaría ser tus manos por un día para que veas de lo que soy capaz o ser tu vecino para invitarte a cenar. Quisiera ser pirata para darte mi mapa del tesoro y sería un placer batirme en duelo con un oponente tan fuerte como tú. Pistolas al amanecer. ¿Te acuerdas?

Sueño con los días en los que supimos que el otro existía. Ya sabes. Cuando eramos pequeños. Hiciste que tuviera una infancia genial, ¿hice lo mismo? Nunca supe nada de cómo me veías tú, ni de cómo me ves. Sí sé que te encantó cuando me hice pasar por un muñeco de nieve en el jardín de tu abuelo o que te reíste cuando me caí de cara de aquel columpio. Recuerdo las bolsas de chucherías que nos compraba mi abuela y cómo te gustaban los tiburones de gominola. Siempre te daba los míos. Lo que hace soñar. Me pregunto qué habrá sido de ti, si siquiera llegarás a leer esto, si te gustaría leerlo. Si te has alegrado al mirar el dorso del sobre y encontrarte mi nombre en él. Supongo que es lo que menos esperas.

Yo te he esperado, ¿sabes? Esperé cada día que cumplieses tu promesa. Me dijiste que algún día me sacarías de aquí y me llevarías por todo el mundo. En sueños. En persona. En vida. En muerte. Te esperé y te espero. Nunca perdí la esperanza en tu mirada, en tus sonrisas, en aquella manera que tenías de acariciarme. Miro las estrellas y veo aquel día que me cogiste de la mano y me diste mi primer beso, aunque dijimos que eramos amigos. Y no podría querer a otra amiga más que a ti.

Por favor, si te llega esta carta, escríbeme de vuelta.
La estaré esperando con una sonrisa.

Te quiero.
Jorge.


...


-Es la tercera que manda en un mes. ¿Desde cuándo las escribe?
-Desde que entró aquí.
-¿Y no pone ni dirección ni nada?
-Sí... él dice que las mandemos allí pero esa dirección no existe.
-Vaya...
-Y lo peor es que no tenemos ni idea de quién es, ningún familiar suyo lo sabe tampoco.
-¿Y en el dorso qué pone?

de la Huerta González, Jorge.
Hospital Doctor Rodríguez Lafora
Carretera de Colmenar Viejo, Km 13
28049, Madrid.

-¿Habéis probado a enviarlas?
-Sí. Sin respuesta, correos nos las devolvió.
-Pobre... ¿por qué no se lo decís?
-Le partiría el alma en dos.
-Pensar que un sueño puede cortar a alguien en dos...


Anécdotas de bar

-La conocí en un viaje. Imagínatela, pelo largo y verde, ojos grandes como embalses, sonrisa pícara, era perfecta.
-Eso de cuando fuisteis a la montaña, ¿no?
-Sí. Nos conocimos en el autobús de ida, son muchas horas al lado de alguien que no conoces y a quien siempre acabas conociendo. La cosa es que me miraba siempre sonriente y vergonzosa, parecía una niña pequeña. Era verdaderamente adorable.
-¿Te la llegaste a tirar?
-Sí. Bueno, creo.
-¿Crees?
-Ya llegaré a esa parte. Una vez en la estación nos dimos el número de teléfono y nos prometimos un café o una cerveza juntos. Y pasaron los días, yo estaba viendo a mis primos, ya sabes, y ella... la verdad es que no sé a qué había ido ella. Bueno, pasaron los días y no me llamaba y no me llamaba. Yo tampoco lo hacía. Y una noche de borrachera se me ocurrió llamarla, estaba esperando mi llamada porque le daba vergüenza llamarme, me dijo que había pensado en mí cada día y tal.
-¿Y qué hiciste?
-Ir a su hotel de cabeza, medio ido y después de potar un par de veces y tomarme un paquete de chicles de menta.
-¿Qué hizo ella?
-Me vio apoyado en su puerta imagino que con la peor cara del mundo y me acogió. Me tumbó y no recuerdo mucho más. Por la mañana estábamos los dos desnudos en su cama y ella apoyada en mí, sonriente. Imagino que lo haríamos porque yo también estaba muy contento pero no recordaba absolutamente nada. La cosa es que me levanté con una resaca de caballo. Me vestí y me fui a comprar unas aspirinas. Y, aquí lo raro, cuando volví al hotel ella no estaba. No en la habitación, ella no estaba en el hotel. Ni registrada ni nada. Ni tenía un cuarto ni nada.
-No jodas.
-Te lo juro.
-¿Y no sería que te habías tirado a alguien que no era ella?
-¿Entonces por qué por la noche me dijo por el móvil unas direcciones que no eran las suyas?
-Ya, claro.
-La cosa es que luego la vi en la terraza de una cafetería y ella no me reconocía de nada. Ni del autobús ni nada. Monté una...
-Tío, eso es muy raro.
-Ya. Y no sé qué coño será ella, ¿te imaginas que es una bruja?
-Sí, claro, para que digas por ahí "me he tirado una bruja".
-Venga, chin-chín. Por los buenos amigos.
-Por los buenos amigos.

Comida Rancia

Era la hora de comer, toda la familia se reunía alrededor del mismo tonel y prendían fuego a unas brasas en su interior. Con el se calentarían, secarían de las lluvias de la mañana y cocinarían la comida que hubieran podido capturar aquella mañana. En la familia había una pequeña niña de pelo largo y negro y piel pálida. El invierno nuclear no deja mucho espacio para divertirse pero esta niña se hacía amiga de todo lo que encontraba: ladrillos sueltos, piedras con alguna forma graciosa, las pocas plantas que encontraba e incluso siempre llevaba una pequeñita ratoncita encima a la que llamaba Elioth El Intrépido de las Montañas del Horizonte Avecrem III, o Eli para acortar.
Estaba preocupada, la familia no le dejaría tenerlo y sólo su madre sabía el secreto. En la familia toda comida es bienvenida y la comida animal es escasa, más escasa es la comida animal viva. No dudarían en repartírselo por poco que aquello fuera. Eli recordaba cuando se comieron a unos viajeros perdidos, sabía que la familia haría lo que fuera por comer comida viva.

Pasó un año y ella ya había cumplido los trece años, avanzada edad teniendo en cuenta que la esperanza de vida en el invierno nuclear era escasa. Una noche decidió huir de la familia mientras dormían y había cambio de guardia. No le fue difícil teniendo en cuenta que se conocía todo el territorio como se conocía cada palabra de su único libro: Alicia en el País de la Maravillas. Cuando cruzó el umbral del territorio de la familia se sintió como Alicia cayendo por el agujero. Era todo nuevo, veía un horizonte nuevo, veía casas al fondo y muchas ruinas. Paisajes totalmente desolados y nevados. Paisajes que nos darían pánico pero ella, que no conocía otra cosa que el yermo y la incivilización, se sentía feliz y curiosa.
Llevaba a Eli en su cinturón, en una jaula china para grillos que le regaló su madre. Era toda la compañía que necesitaba para comenzar su nueva vida, pero sabía que tendría que irse aún más lejos, sabía que la familia la buscaría y ya sabía lo que hacían con los traidores: comida.
Llegó al poblado desolado, las casas quemadas hacía años que no humeaban y las mayoría se habían caído o se habían convertido en pura ceniza. En mitad de una calle vio a una zorro luchando por librarse de un cepo. Lo único que se le ocurrió fue salvarlo al instante pero escuchó un ruido detrás suyo. Eran pisadas en la nieve. El zorro aullaba a la chica pero ella tenía la sangre helada y se había hecho un ovillo en una de las casas cercanas. Escuchó:

-¡Cariño! ¡Ya tenemos cena! Y juraría que esto son pisadas de persona.
-No hay personas por aquí.
-Lo sé, es lo que me extraña... Hm... ¡Eh! ¡Sean quien seas! ¡Sal! ¡No te haremos daño! ¿Quieres cenar con nosotros?

A la chica le parecían personas amables, dudaba si salir o no. Tenía mucho miedo y mucha hambre. ¿Y si la reconocían como parte de la familia y la mataban en venganza? ¿Y si comen personas? ¿Y si se comen a Eli? No podía arriesgarse.
Escuchó como unas botas entraban en la casa donde ella estaba. Se había encerrado en un armario, escuchaba la madera quejándose mientras la recorrían esas pesadas botas de montaña.

-¿Hola? De verdad. No te haremos nada. Buscamos gente para construir un pequeño poblado, uno libre de tanto loco y tanto caníval.

¿Qué haría Alicia? Se preguntaba la chica. Ojalá pudiera hacerse gigante y huir de allí corriendo, ojalá. Los pasos se acercaban.

-Hm... ¡Ven cariño!
¿Qué ocurre?
-Las huellas llevan hasta ese armario. Prepara las cosas.
-Sí, enseguida.

¿Qué cosas? ¿Qué iban a hacer? Nadie se arriesgaría a tener una boca más que alimentar, no. Iban a matarla, estaba segura. Quizá si dejara escapar a Eli podría huir mientras ellos tratan de atrapar a la ratita. O dejar a Eli para que solo tuviera que morir ella y la ratita podría vivir en paz. ¿Qué hacer? No pudo elegir, la puerta se abrió. Vio una mirada tuerta muy abierta, una barba gris y revuelta, un hedor avinagrado venía de aquel hombre.

-Así que tú eres la pequeña ratita. ¿Por qué no nos hiciste caso? Decíamos la verdad, sólo queríamos cuidar de ti.
-Me... ¿M-Me conocéis?
Él miró detrás suyo, por encima de su hombro, miró a una bella y anciana mujer que miraba con ternura a la niña.
-No, pero supimos que las pisadas eran de niño o... en este caso, niña. Me llamo Lunes y ella es Domingo. ¿Cómo te llamas tú?
-Me... Me llamo Trenza.
-Ven con nosotros, Trenza. Te trataremos bien, ¿vale? Tenemos otros niños en el poblado, niños como tú. ¿Hm? Esa marca en tu mano...
Ella se quiso apartar la mano para que no la viera pero Lunes le había agarrado el brazo.
-Es la marca de la familia, ¿verdad?
La mujer, Domingo, se llevo las manos a la boca, sorprendida y asustada.
-S-Sí. Me escapé de allí.
El hombre torció su mueca, no sabía cómo se sentía, ¿enfado, rabia, tristeza, miedo?
-¡VETE! ¡VETE DE AQUÍ! ¡CORRE TANTO COMO PUEDAS PERO VETE! Nunca nos has visto, ¿de acuerdo? ¡Corre!
Lunes y Domingo salieron corriendo. Trenza se quedó de piedra, sentada en el armario, durante un buen rato, sin pensar realmente en nada, tan sólo... quieta. Con la mirada perdida. Asimilando qué acababa de pasar.

Aquí comenzaría el viaje de Trenza y Eli

Las Aventuras del Detective Privado #14

Hay mucha gente que hace locuras, supongo que son esas locuras las que nos hacen humanos. Se cometen locuras por amor, por ambiciones, por sueños. También cuando no te quedan opciones. La desesperación es un potente arma creativa. Teme a quien no tenga nada que perder, dicen.
Me encontraba siguiendo la pista de un maleante, soy detective privado y una de las pocas cosas que logra que esta ciudad no se caiga a pedazos, el maleante se hacía llamar Mr. Roboto. Le gustaba aquella pegadiza canción, o eso pensaba yo.
Logré rastrearlo hasta su guarida donde encontré algo que no esperaba. Su guarida estaba debajo de un bar de de hippies y fumadores de crack. Perfecto escondite para hacer lo que a uno le venga en gana. Mr. Roboto había estado reuniendo durante años una gran cantidad de recursos para hacer realidad su plan: lograr alcanzar la inmortalidad.
Locura, ¿verdad?
Eso pensé yo. Revólver en mano me infiltré en ese sótano y descubrí sus intenciones. Había estado haciendo experimentos con seres humanos, experimentos que no me siento orgulloso de ver. Solo eso le bastaba para la perpetua, a saber qué otras extravagancias había logrado con sus medios. Me sorprendía que él no estuviera a esas horas de la madrugada por lo que le esperé como un felino espera a su presa entre los matorrales de la Sabana africana.
Cuando llegó, vi que arrastraba un saco. Era un hombre corpulento, de bajo porte y su cara no inspiraba ninguna confianza pero aún así parecía un pringado, no alguien con suficiente fuerza de voluntad como para asesinar y secuestrar a tantos indeseables de los que nadie se acordaría y con los que poder realizar sus monstruosos experimentos.
Esa era mi oportunidad para atraparlo, pero sentía curiosidad. Quería saber qué se proponía a hacer con el contenido del saco. Lo dejó sobre una mesa larga y allí lo deshizo. Vi que se trataba de una hermosa mujer y una que aún estaba viva, pero no lo suficiente como para resistirse. Mi sentido de la justicia hizo que saliese de un salto de mi escondite, arma en mano y gritase:
-¡Alto ahí, Mr Roboto! ¡Se acabaron tus días de científico loco!
-¡Pero si es mi archi-enemigo! ¡El detective privado! Y veo que no viene solo.
-Ehm. Sí, sí vengo solo.
-Ah. Pues veo doble entonces.
-Pues será eso.
-Uy qué mal.
-¡Detente, villano! ¡No muevas ni un solo dedo! Quedas detenido por homicidio y secuestro de esta preciosa dama.
La dama estaba en un estado semi-inconsciente por lo que no sé si se percató de mi cumplido. Esperaba que sí.
-Detective privado, no esperarás que cogerme sea tan fácil, ¿verdad? ¡Aún tengo un par de trucos en la manga!
Mr, Roboto se quitó la camisa para descubrir un torso lleno de rostros retorcidos en agonía.
-Ayuda.
-Por favor...
-Ayuuuda...
Decían entre muecas de indecible dolor.
-Te unirás al resto de mis víctimas y me entregarás tu vida, detective privado. Y así viviré para siempre.
El maleante comenzó a reírse como sólo un malvado haría. Cuando vi a la doncella levantarse de la camilla y de una patada lo dejó en el suelo, inconsciente.
-Vaya, eso sí que no me lo esperaba, preciosa. ¿Dónde aprendiste a pelear así?
-Doy clases de kick-boxing por la noche en un gimnasio no muy lejos de aquí. Este cabrón me pilló desprevenida con cloroformo. Pero se ha ganado su merecido.
-En efecto, querida. La policía está en camino, pronto estará entre rejas así que... ¿qué te parece si tú y yo vamos a tomar algo?
-Me encantaría cenar algo, detective privado, estoy hambrienta... ¡Creo que empezaré por ti!
La profesora de kick-boxing se transformó en una bestia voraz y peluda, saltó con sus grandes fauces hacía mí, pero supe esquivarla en un instante y logré acertar una bala en su cráneo lo que la dejó muerta, en el suelo.
-¿Qué diablos era eso?
Dije para mí. No esperaba que Mr Roboto lo escuchase y mucho menos que respondiera mientras se incorporaba.
-Eso, mi querido amigo, era una mujer bestia de los campos del este.
-Qué diantres es eso.
-El mundo más grande que esta ciudad, Sheriff, te vendría bien recordarlo. Tú no eres más que un personaje estereotipado de una novela detectivesca pulp.
-¿Y qué diantres eso también?
-Que no existes, detective. Eres un arquetipo.
Y así, sin apenas poder hacer nada para remediarlo, la historia se acabó, pues concluiría en el siguiente número de la serie Las Aventuras del Detective Privado, y yo me quedé atrapado entre estas líneas que parecían haberse escrito una y otra y otra vez. Inmortal o, al menos, hasta que el lugar donde estén escritas arda y la lluvia de esta aciaga ciudad deshaga las cenizas.
Una noche más, para un detective privado.

Lo que se hace por amor

-Me fascina tu fragancia, realmente me fascina. No tu perfume, no... nada tan comercial. Me fascina tu fragancia natural. Cómo huele tu piel. Cómo huele tu cuerpo. Cómo hueles, querida.
-¡Déjame salir, puto loco!
-Tranquila, mi amor, en cuanto logre desarrollar tu fragancia te dejaré ir. O no. Ay, ya lo veremos, ¿vale, cielito?
-¡Hijo de puta! ¡¡Ayuda!! ¡¿Alguien me escucha?!
-Tranquila, estamos tan lejos que nadie puede molestar esta cruzada tan preciosa por la fragancia del amor. Y ahora, quédate quietecita mientras te doy un tranquilizante.
-Los cojones voy a quedar... me...
-Es un pulverizador, cariño, no creas que voy a pincharte ni nada de eso. Ay, qué tonti que eres, cielito. Mírala, que bonita es cuando duerme. ¡Qué bonito es el amor!

Un mes y medio después el doctor había conseguido sintetizar una pequeña muestra del olor natural de la muchacha. Ambos se encontraban en un antiguo caserío propiedad de él. Estaba aparentemente abandonado por lo que a nadie se le ocurriría mirar allí dentro, además, la policía no buscó demasiado a la muchacha. Tampoco había quien les presionase a hacerlo. Por lo que al estado respectaba, una muchacha desapareció, se la buscó durante una semana y se la dio por muerta. Y a otra cosa mariposa. Qué bonitas las mariposas, ¿no creéis?

-¡Despierta, cariño! ¡Lo he conseguido! ¡La primera muestra de tu fragancia!
-¿Eh...?
-Conseguí descubrir los elementos moleculares de tu fragancia y sintetizarlos en el laboratorio para luego juntarlos y... ¡TARÁ! ¡Es tu olor embotellado cómodamente en un botecito de perfume! ¿Quieres probarlo? Sería redundante, como llevar una máscara de ti misma. ¿Qué te parece? ¿No es genial?
-Déjame salir... por favor... por favor... quiero irme a casa...
-La verdad es que ahora que tengo esto no te necesito para absolutamente nada. Lo que me lleva a pensar... ¿te quise alguna vez? ¿O me enamoré de tu aroma?
-Me da igual... déjame ir a casa, por favor...
-Esto me hace pensar. ¿Nos enamoramos de las personas? ¿O nos enamoramos de las características de esas personas? ¿Si yo sintetizase una persona entera de la que alguien estuviese enamorado lo estaría también enamorado de mi persona sintética? ¿Sentiría el mismo amor por ambas? ¿Es el pasado conjunto lo que crea al amor? ¿Tú que crees, amor?
-Yo qué sé... déjame ir...
-Quizá todo lo que hemos pasado juntos, todo lo que hemos hecho para conseguir tu fragancia... ¿Todo fue por mi amor hacia una fragancia y no hacia ti? ¡Oh! ¡Cariño! ¡Lo siento tanto! ¡Cómo pude estar tan ciego!¡Te sentirás traicionada y humillada! ¡Este hombre que me quería tanto en realidad no me quería tanto como decía! ¡Ultraje! ¡Osadía!
-Que me da igual... deja que me vaya, por favor...
-Cariño, sé que la vida es dura. Lo siento, de veras. Todo por nada. ¡Todo por nada! No para mí, claro, yo ya tengo al amor de mi vida. Mi pasión, mi inspiración. Esta fragancia tan maravillosa. Tú ahora no tienes nada. ¡Nada! Y eso me entristece el alma, cielo mío. Hace que crezcan nubarrones en mi horizonte verte tan triste y dolida.
-Tío, que me da igual. Que me dejes ir. ¡Ya no me necesitas, no me quieres! ¡Pues muy bien! ¡Me voy y problema resuelto!
-¿Qué puedo hacer para calmar este dolor que atormenta tu alma? ¡Qué hacer para superar esta traición tan osada! ¡Oh, la humanidad!
-¡Que me deje ir, loco de los huevos!
-¡Ya sé cómo resolver nuestros problemas, cariño! ¡Crearé un perfume con mi fragancia para ti! ¡Porque aunque el amor de mi vida sea tu olor y no tú, yo te sigo queriendo, amor mío!
-No... tío, no...

Y así pasaron otros dos meses. El doctor por fin lo logró, creó su propio perfume. La chica, aunque comía, se había desnutrido y había perdido toda esperanza y rastro de humanidad. Parecía más un cadáver que un ser vivo mientras que el doctor cada día que pasaba se retorcía más en su psicópata ambición.

-¡Cariño! ¡Lo he conseguido!
-¿El qué?
-¡He sintetizado mi propio aroma!
-Hurra.
-Sabía que te alegrarías. ¡Ay, cómo te quiero! Ahora tú podrás ser libre de amarlo y dejarme ir, a mí, el hombre que traicionó. ¡No llores por mí! ¡Te amo, pero has de pasar página, pues he sido un hombre malvado e infiel!
-¿Podré salir?
-Haré mis maletas y me iré. No te merezco, y te deseo toda la felicidad del mundo, mi amor.
-Eso es que no.
-¡Oh, la humanidad!
-Eh, puto loco. Si te vas me quedaré encerrada. Moriré de hambre.
-Cierto. ¡Qué dilema! La vida siempre nos pone a prueba, ¿verdad?  Siempre nos pone retos que superar, retos que nos hacen más fuertes. Como cuando rompí tu corazón o como cuando no podía encontrar el modo de repararlo. ¡Hemos pasado tanto juntos!
-Sí. Mucho. Abre la jaula.
-Y ahora la vida nos pone un bache más, uno que tendremos que pasar juntos, cariño mío. ¡Dejarte aquí con bajas probabilidades de supervivencia o dejarte marchar con bajas probabilidades de felicidad para ti! ¡Oh! ¡El dilema! ¡La filosofía! ¡La aventura!
-No, de verdad que seré feliz si me dejas salir.
-¿De verdad?
-Sí, es lo único que quise desde que me trajiste aquí. Que me dejaras ir.
-¿En serio?
-Sí.
-¡Cómo rompes mi corazón ahora que estábamos tan cerca de ser ambos felices! ¡Cómo un ser humano puede ser tan cruel! Cómo me haces esto...
-No, o sea, no quiero hacerte daño. Quiero irme.
-Ya es tarde. Ya me hiciste daño. ¡Cómo! ¡Cómo has podido!

Tres meses después ella estaba terminando de rehacer su vida. Escribió un libro con todo lo que le había ocurrido. El estado la indemnizó y premió su valor, asimismo se trasladó a otra ciudad y sonreía cada mañana cuando respiraba el aire fresco y miraba el cielo azul que lo acompañaba. El cielo olía tan, tan bien. Hay aromas tan bonitos.